Concha Espina: Adopta una autora

jueves, 12 de enero de 2017

La entrada que hoy escribo en el blog es muy especial, pues pertenece a un proyecto que lleva un tiempo fraguándose y que cada vez crece más: Adopta una autora. Muchos ya sabréis en qué consiste, porque se está moviendo imparablemente por las redes sociales, pero para los que no estéis enterados, yo os cuento. Adopta una autora es una iniciativa en la que diferentes blogs o canales de youtube eligen a una escritora para hacer una serie de entradas o vídeos sobre ella. Pueden contener información sobre su vida, su obra, reseñas de sus libros, etc.


Cuando conocí el proyecto no dudé ni un momento en participar. Aunque ahora cualquier escritora es bienvenida, al principio se habló de que fueran mujeres un tanto olvidadas, poco conocidas y a las que mereciese la pena rescatar. Por eso me pensé mucho a quién elegir, y para ello solicité ayuda a mi hermana Rustis (que de esto sabe un rato), y ella me dio una lista de escritoras que podían encajar. Entre ellas me encontré con Concha Espina, que me llamó la atención aunque tan sólo conocía su nombre y poco más. El motivo que me llevó a decidirme por ella fue, podría decirse, sentimental: descubrí que su primera novela había sido La niña de Luzmela, y yo siempre recordaré con mucho cariño una película que vi cuando era casi una niña con ese título. Se me quedó grabada sobre todo su música, y aún ahora podría tararearla perfectamente. Todo esto significa que he elegido a Concha Espina casi a ciegas y que aún no he leído nada de ella, por lo que si vosotros tampoco lo habéis hecho vamos a descubrirla juntos, lo cual me parece muy emocionante.

Concha Espina nació en Santander en 1869 y murió en Madrid en 1955. Se puede decir que era una "niña bien", la séptima de una familia acomodada de diez hijos, y aunque en su casa no había un interés especial por los libros, ella comenzó muy pronto su actividad literaria (con trece años ya escribía poemas). En 1893 se casó con Ramón de la Serna y ambos se fueron a vivir a Chile, donde Concha entró en contacto con el movimiento modernista. Allí tuvieron dos hijos, pero el matrimonio no iba bien y tras regresar a España, Concha y Ramón se separaron. Concha se fue de Mazcuerras (Cantabria) a Madrid, y Ramón a México.

A pesar de sus firmes convicciones religiosas, Concha Espina siempre vivió su vida libremente. Se separó de su marido en una época en la que no se consideraba aceptable, y tras ello rechazó vestirse de negro (algo que debían hacer las mujeres separadas) eligiendo siempre colores claros, en lo que se puede considerar un acto de rebeldía. Además, quiso criar ella misma a sus hijos y no dejarlos en manos de niñeras como era lo común entre la clase alta, y viajó por todo el mundo dando conferencias. En su casa de Madrid celebraba todos los viernes un salón literario al que acudían numerosos intelectuales de la época, y estaba considerada como un referente cultural.

En cuanto a su obra, siempre estuvo muy apegada a la tradición; sus novelas son realistas y costumbristas, y con ellas ganó numerosos premios. Con La esfinge maragata en 1914, y Tierras del Aquilón en 1924, ganó el Premio de la Real Academia Española, y con Altar Mayor consiguió el Premio Nacional de Literatura en 1927. Fue además candidata al Premio Nobel durante tres años seguidos, en 1926, 1927 y 1928. A pesar de esta carrera, la Real Academia Española nunca la admitió entre sus miembros.


Dentro de su numerosa producción también destacan Simientes, El metal de los muertos o Singladuras. Aunque ahora ha caído prácticamente en el olvido, su obra era muy reconocida en su época. Como anécdota, os puedo decir que el pueblo cántabro en el que vivió mucho tiempo, Mazcuerras, llegó a cambiar su nombre por el de Luzmela, el nombre que Concha le había dado en su famosa novela La niña de Luzmela.

Seguro que ahora que la habéis conocido un poco más os preguntaréis por qué esta mujer es tan poco reconocida en la actualidad. Por lo menos es lo que a mí me ha pasado, y por eso estoy deseando empezar a leer alguna de sus novelas; creo que lo que me voy a encontrar va a merecer mucho la pena. Seguramente empezaré por La niña de Luzmela o tal vez por Altar mayor, debido a su ambientación en Asturias. ¿Os animáis a descubrir a Concha Espina conmigo?




Lo que hoy os recomiendo no podía ser otra cosa que el blog en el que se encuadra la iniciativa Adopta una autora, donde podréis conocer a otras muchas mujeres que, como Concha, merecen ser tenidas en cuenta y, sobre todo, leídas.








La gran historia de los videojuegos, de Steven L. Kent

martes, 10 de enero de 2017

La gran historia de los videojuegos
Autor: Steven L. Kent
Traductora: David Tejera Expósito
Editorial: Nova
ISBN: 9788466655026
Páginas: 610
La gran historia de los videojuegos hace que vuelvas a sentir los zumbidos, estallidos, explosiones y resplandores de un salón recreativo. Habla de todo lo que siempre quisiste saber, y mucho más, sobre esos videojuegos inolvidables que cambiaron el mundo, los visionarios que los crearon y los aficionados que jugaron con ellos. De los salones recreativos a la televisión y de los ordenadores personales a los dispositivos portátiles, los videojuegos llevan casi treinta años embelesando al niño que llevamos dentro. El autor e historiador de videojuegos Steven L. Kent ha sido partícipe de esa euforia y la ha documentado desde sus comienzos. (Sinopsis de la editorial)

Son muchos los libros publicados acerca del mundo de los videojuegos: cómo son ideados, la industria creada alrededor de ellos, sus personajes, sus historias,... Pero estoy segura de que ninguno de ellos puede compararse al que hoy reseñamos aquí: La gran historia de los videojuegos es un libro tan completo, con tanta información, que pocos podrían competir con él.

Y eso que el libro fue publicado en Estados Unidos hace ya quince años, con lo que muchos de los hitos de esta industria no aparecen, como puede ser el nacimiento de las últimas consolas de Microsoft, o de la Nintendo Wii y DS de Nintendo. Sin embargo, a pesar de que la historia de este pasatiempo se queda en el año 2001, éste no debe ser un dato que nos haga dejar de plantearnos su lectura, puesto que todo lo que se nos cuenta es verdaderamente interesante y entretenido. 

Steven L. Kent empieza a contarnos su historia desde que aparecen las máquinas de pinball, ya que según él éstas fueron básicas para que después se desarrollaran los videojuegos. A partir de aquí, y a lo largo de prácticamente un siglo, esta industria experimentó un crecimiento como pocas otras, y nosotros lo encontramos admirablemente explicado por Kent.


La gran historia de los videojuegos está plagada de anécdotas que harán las delicias de los aficionados a este tipo de juegos, algunas de ellas conocidas pero otras no tanto. Vivimos con este libro la época dorada en la que era casi imposible no encontrarse un Pac-Man o un Space invaders en cualquier local, cómo Miyamoto creó en Nintendo al famoso Donkey Kong, o la polémica surgida con la comercialización de un juego tan violento como Mortal Kombat. Todos estos datos están aderezados con multitud de testimonios que Steven L. Kent recogió de ingenieros, directores de marketing, jefes de compañías de videojuegos,... En resumen, un trabajo espectacular que nos da una visión completísima del hobbie favorito de millones de personas.

¿Un fallo en este libro? El único que le encuentro es que trae pocas fotos o ilustraciones, y las que aparecen son en blanco y negro, y no de gran calidad. Con unas buenas fotos en color, La gran historia de los videojuegos hubiera sido perfecta. Aún así, es el regalo ideal para los aficionados interesados en conocer mucho mejor un hobbie al que algunos incluso consideran un arte. 





Marcelín, de Sempé

martes, 20 de diciembre de 2016

Marcelín
Autor: Sempé
Traductor: Miguel Azaola
Editorial: Blackie Books
ISBN: 9788416290741
Páginas: 127

Marcelín es un niño como cualquier otro, pero padece una curiosa molestia: se sonroja sin ningún motivo. Y no sabe por qué. Un buen día conoce a Renato, que también tiene una curiosa molestia: estornuda sin ninguna razón. Y no sabe por qué. Es amistad a primera vista. Entre sonrojos y estornudos, se hacen inseparables. Pero un día la familia de Renato se muda… 

«No creo que mis personajes sean minúsculos. Quizás el mundo sea demasiado grande.» Sempé (Sinopsis de la editorial)

Tengo que reconocer que una de mis asignaturas pendientes en cuanto a literatura infantil son los libros del pequeño Nicolás. Eso sí, a pesar de no haberlos leído, siempre me encantaron sus ilustraciones, esos niños pequeñitos y simpáticos que poblaban sus páginas. Pues bien, su autor, Sempé, es también el autor de Marcelín, tanto de las ilustraciones como del texto en este caso.

Marcelín, el niño protagonista, tiene una peculiaridad: se sonroja sin motivo, en cualquier momento y situación. No es algo que le preocupe, pero siempre se está preguntando por qué le ocurre. Esto le diferencia de los demás niños, y por eso siempre prefiere jugar solo para que no le recuerden su llamativo color. Todo esto cambia cuando Marcelín conoce a Renato, un niño que siempre está estornudando a pesar de no haberse resfriado jamás. Los dos niños se hacen inseparables y disfrutan de una amistad preciosa: juegan juntos, se divierten, pero también pueden estar mucho tiempo en silencio, sin hablar... Hagan lo que hagan, el tiempo que pasan juntos es perfecto.

Pero un día, Renato se marcha a vivir a otro lugar y los dos niños pierden el contacto. Lo que nos cuenta el libro es que ya pueden pasar los años, ya se puede conocer a otras personas, pero una amistad verdadera perdura en el tiempo: Cuando Marcelín y Renato se reencuentran de adultos, sienten que el tiempo no ha pasado y recuperan todo lo compartido.
Marcelín y Renato

Marcelín es una historia preciosa, llena de ternura y de fino humor. Aunque aparentemente es un libro para niños, los adultos podemos encontrar en él matices que un niño no captará. A pesar de ello, creo que tanto niños como mayores pueden disfrutar por igual de esta preciosidad. Las ilustraciones son mágicas: Hay páginas en las que el dibujo lo ocupa todo, y otras en las que predomina el espacio en blanco , pero en todas ellas los dibujos no pueden ser más bonitos y expresivos. 

Además de mostrar el valor de una verdadera amistad, los pequeños lectores también pueden aprender con este libro a valorarse y a quererse, a entender que todos somos distintos, todos tenemos nuestras peculiaridades pero siempre podemos llegar a entendernos. Y para los mayores Sempé también tiene un mensaje: nunca deberíamos abandonar del todo al niño que fuimos. Como siempre, Blackie Books cuida al máximo su edición, y nos ofrece un Marcelín en tapa dura y con una cubierta preciosa que anticipa lo que nos vamos a encontrar en su interior. Un libro imprescindible.A pesar de que El pequeño Nicolás es su creación más conocida, Sempé tiene otros muchos trabajos, todos ellos maravillosos. Por ejemplo, las ilustraciones de Catherine, del premio Nobel Patrick Modiano, son obra suya.











  A pesar de que El pequeño Nicolás es su creación más conocida, Sempé tiene otros muchos trabajos, todos      ellos maravillosos. Por ejemplo, las ilustraciones de Catherine, del premio Nobel Patrick Modiano, son obra    suya.






Verne y la vida secreta de las mujeres planta, de Ledicia Costas

viernes, 16 de diciembre de 2016

Verne y la vida secreta de las mujeres planta
Autora: Ledicia Costas
Editorial: Anaya
ISBN: 9788469816806
Páginas: 222


La familia de Violeta esconde un secreto milenario que ha conseguido mantener oculto hasta ahora. Jules Verne, el célebre escritor, ha desembarcado en el puerto de Vigo con una maleta y un montón de preguntas. Él quiere conocer todo sobre las mujeres planta... y ellas necesitan la ayuda de sus inventos para sobrevivir. 
Misterio, aventura y magia ancestral en un trepidante viaje contrarreloj hasta un bosque submarino. (Sinopsis de la editorial).


En el año 2015 la escritora gallega Ledicia Costas ganó dos importantísimos premios en el mundo de la literatura infantil y juvenil: el Premio Nacional de Literatura infantil, con Escarlatina, la cocinera cadáver, y el Premio Lazarillo con el libro que hoy os reseñamos, Verne y la vida secreta de las mujeres planta. Con una carta de presentación semejante, no es de extrañar que mis ganas de conocer la obra de esta autora fuesen inmensas. Felizmente, lo que me he encontrado ha cumplido mis expectativas, e incluso las ha superado ampliamente.

La historia de este libro comienza cuando Julio Verne recala en Vigo a finales del siglo XIX. La versión oficial nos dice que el barco de Verne sufrió una avería mecánica y por eso el escritor debió quedarse en la ciudad unos días. Pero eso no es cierto. Ledicia Costas nos asegura que ella conoce la verdadera historia, y que en su libro nos la va a contar. En realidad, Julio Verne está buscando información sobre unas extrañas criaturas, las mujeres planta, y cree que en Vigo existe alguna de ellas, por lo que acude a buscarlas. Creéis que no es cierto, ¿verdad? Pues si leéis el libro, la escritora lo narra de una forma tan convincente y documentada, que os meteréis completamente en la historia y acabaréis creyendo que esas criaturas maravillosas existen sin duda.

Me ha encantado la forma de escribir de Ledicia; no me extraña que gane premio tras premio porque no puede contarnos las cosas de una forma más bonita. Todo su mundo está impregnado de lirismo, pero sin caer nunca en lo pedante ni dificultar la lectura a unos adolescentes (este libro está recomendado para jóvenes a partir de doce años) que en general buscan disfrutar de la historia sin demasiadas complicaciones. Es, por tanto, una novela adecuada tanto para grandes lectores como para otros menos aventajados, puesto que la autora nos cautiva por lo que nos cuenta y por cómo nos lo cuenta.

Ledicia Costas
La autora ha realizado un importante trabajo de documentación sobre el período en el que Julio Verne permaneció en Vigo. En el libro aparecen además de Verne otros personajes que vivieron en Vigo a finales del siglo XIX, como el empresario e inventor Antonio Sanjurjo Badía, del que se especula sobre si llegó a entablar una relación de amistad con el famoso escritor. La ambientación también es exquisita. Ledicia Costas nació en Vigo y el amor por su ciudad se aprecia en cada detalle de la novela. Leyéndola nos imaginamos cómo era Vigo en aquella época y casi podemos oler el mar a través de sus palabras.

Por último tenemos unos personajes y una historia que nos atrapan: aventuras en la tradición del mismísimo Julio Verne, toques de humor, una gran ternura que se desprende sobre todo de las relaciones entre ciertos personajes, como la de Violeta con su abuelo, o la de éste con su mujer,... ¡incluso aparece el Nautilus! Y no nos olvidemos de lo mejor, las mujeres planta del título: Violeta y su abuela Melisa, a la que Julio Verne tendrá que ayudar para que complete su metamorfosis al final de su vida.

En fin, que no puedo ocultar mi entusiasmo por Verne y la vida secreta de las mujeres planta; es una gran historia ideada por una gran escritora. Os podría recomendar que se lo regalaséis a algún adolescente, pero no lo voy a hacer, porque os lo recomiendo directamente a vosotros. ¡Ah! Y si sois profesores y queréis usarlo en vuestras clases, en este enlace de Anaya tenéis un proyecto de lectura fantástico que podéis aprovechar. 




Mi recomendación no puede ser otra que el libro por el que Ledicia Costas ganó el Premio Nacional de Literatura Infantil: Escarlatina, la cocinera cadáver. Yo me he propuesto leerlo pronto, porque estoy segura de que es otra joya.



La ratonera, de Agatha Christie

lunes, 12 de diciembre de 2016

La ratonera
Autora: Agatha Christie
Traductores: Manuel Broncano y Alberto Fuertes
Editorial: Vicens Vives
ISBN: 9788431690908
Páginas: 118
Tras haberse cometido un asesinato en Londres, el sargento de policía Trotter se presenta en un pequeño hotel alejado de la capital y aislado por la nieve para advertir a sus moradores que el asesino está a punto de llegar con el propósito de cometer otro crimen. Nadie parece dar crédito a las palabras del agente, pero, cuando uno de los huéspedes es asesinado, todos comprenden, alarmados, que el criminal se encuentra ya en el hotel y debe ser uno de ellos... De hecho, algunos personajes se comportan de un modo extrañamente excéntrico y casi todos tienen algo que ocultar, un pasado con experiencias traumáticas que los atormenta hasta el punto de convertirse en una carga demasiado pesada. (Sinopsis de la editorial)

He leído La ratonera, de Agatha Christie, a través de esta edición de Vicens Vives en su colección "Aula de literatura", orientada hacia el público juvenil. Por esta razón, y aunque no puedo dejar de mostrar que mis impresiones son debidas a mis muchas lecturas previas de esta autora, trataré también de comentar los valores que este tipo de teatro puede aportar a un adolescente.

La ratonera es la obra teatral más representada de la historia, con un éxito enorme de público desde los años 50 tanto en su tierra de origen, Reino Unido, como en el extranjero. Pocos autores son capaces de lograr los números mareantes que se manejan cuando hablamos de Agatha Christie; pero es que esta mujer supo dar con las claves de lo que el público necesitaba en cada momento y, sobra decirlo, no sólo en sus novelas y relatos, sino también en los textos teatrales, ha sido capaz de contener pequeños resortes universales que no han dejado de pasar de moda con el tiempo. En este caso, Christie opta por la estructura clásica del texto teatral, sin mayores estridencias: tres actos configurando un resultado que en el plano textual es muy breve y de lectura rápida, dejándose de todas formas todos los detalles reflejados en las acotaciones. Resulta, finalmente, una obra en la que se palpan muchas de las características más representativas de la literatura de la gran dama del crimen. La ambientación que se describe es puramente realista, contenida toda ella en una mansión inglesa durante los años 40: Monkswell Manor, edificio convertido recientemente en casa de huéspedes, es abierto por los señores Ralston quienes, durante una fría noche de invierno, abrirán por primera vez su establecimiento para recibir a los huéspedes.

Agatha Christie

Como habitualmente sucede en muchas novelas de Christie, el espacio elegido forma parte protagonista de la historia que se cuenta: en este caso, y aunque frente a los lectores (público) solamente veremos la entrada y uno de los salones de la casa, a través de los movimientos de los personajes y de sus conversaciones nos haremos un pequeño mapa mental del edificio, esencial en nuestras pequeñas pesquisas a lo largo de la trama. El momento elegido además, una noche helada de invierno durante la cual la fuerte nevada provoca corte de carreteras y aislamiento en algunas zonas, contribuye a presentar Monkswell Manor como una pequeña jaula en la que los dueños del hotel y sus huéspedes se verán irremediablemente atrapados. De algún modo, y hasta que se produzca el aislamiento definitivo, el único contacto que tendremos con el exterior será el sonido de la radio, el teléfono y, en cierto modo, el personaje del sargento Trotter, pues se incorpora a escena más tarde que todos los demás y se convierte en el mensajero que explica las terribles noticias: las investigaciones para esclarecer el asesinato de una mujer han llevado a la policía a fijarse en este lugar, en el que se cree que el criminal se esconde. A partir de ese momento, comenzarán las habituales sospechas, los secretos desvelados paulatinamente y las confusiones de personalidades, al tiempo que se acelera nuestra lectura por el deseo constante de saber. Todo ello, de nuevo en un guiño a una de las técnicas preferidas de la autora, decorado con la canción infantil "Tres ratones ciegos", una típica melodía inglesa que preludia los acontecimientos de la historia y los dota de un carácter aún más macabro.

La edición de Vicens Vives, cuidadamente ilustrada, de letra grande y acompañada de una ligera introducción y una pequeña guía de lectura final, está pensada para la lectura juvenil de un texto perfectamente apreciable por los jóvenes entre 13 y 18 años. Cabe pensar en esta obra teatral como un primer acercamiento al género de los detectives pues, he de reconocer, a quien lleve en su mochila un gran bagaje de lecturas "criminales" y, sobre todo, pertenecientes a esta autora, la trama puede resultarle descafeinada por la similitud con otras historias y el conocimiento de muchos resortes y giros argumentales. Sin embargo, es obvio que los jóvenes no acostumbrados a esta narrativa encontrarán un libro muy sencillo y rápido de leer, un auténtico "page-turner" que funciona en cualquier momento en que se lea, algo que aseguran las innumerables representaciones del mismo que se han realizado a lo largo de la historia. No son esenciales las cuestiones presentadas en la guía de lectura, pero sí resultan buenas ideas para algún profesor inteligente que sepa emplearlas como base para un pequeño análisis junto a los alumnos. Al menos, a través de ellas, se pueden comprender los mecanismos básicos del texto teatral, los medios narrativos de creación de suspense y las posibilidades representativas.

Una buena propuesta para amantes del género pero, sobre todo, para quienes desean una historia agradable y rápida que llene una de esas frías tardes que tantas veces nos piden un libro, una mantita y un té inglés.






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