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Cuentos inquietantes, de Edith Wharton

viernes, 18 de noviembre de 2016

Cuentos inquietantes
Autora: Edith Wharton
Traductora: Lale González-Cotta
Editorial: Impedimenta
ISBN: 9788415979999
Páginas: 325
Los cuentos inquietantes aquí reunidos, buena parte de los cuales han permanecido inéditos en castellano hasta hoy, lo son cada uno a su manera. Algunos se escoran levemente hacia lo sobrenatural, en la línea de los geniales relatos de fantasmas de Henry James, historias en las que el elemento ultraterreno sobrevuela la cotidianidad de modo casi imperceptible: sutilmente invasivo, tan evanescente en ocasiones que la duda atenaza al lector hasta el final provocándole una deliciosa inquietud. Y en otros (más desasosegantes si cabe, por cuanto prescinden de lo asombroso) el misterio se oculta en la propia mente, en las ambiguas actitudes de personajes que se nos antojan perturbadores gracias a la pericia de la autora para manejarse en los meandros de su psicología. Una auténtica obra maestra de lo oscuro que se esconde tras lo cotidiano. (Sinopsis de la editorial)

Comencé esta colección de relatos como parte de mis lecturas para Halloween, aunque finalmente me encontré ante unos textos que no cuadran de forma completa en el territorio de la narrativa de terror. Sí lo hacen, con matices, en el misterio, especialmente si atendemos a los aspectos psicológicos del género. La traductora, Lale González-Cotta, advierte en su breve introducción de la existencia en este libro de dos tipos diferentes de relatos: los verdaderamente sobrenaturales, que pudieran responder más claramente al terror, y otros en que Edith Wharton experimenta con los sobreentendidos, los secretos de sus personajes y las dificultades sociales en que estos se ven envueltos. "Inquietantes" es, así, una etiqueta que conviene a la perfección al conjunto completo, pues a través de ella se describe la sensación que estas historias generan en el receptor a lo largo de la lectura. Nunca verdadero temor -ni siquiera algún que otro susto-, pero sí cierto desasosiego y constante actitud de sospecha.

La editorial Impedimenta, haciendo gala nuevamente de la mayor delicadeza en el cuidado de sus trabajos, nos presenta una preciosa edición con la acostumbrada sobrecubierta de papel satinado y unos relatos encabezados por pequeñas ilustraciones en blanco y negro. El deleite para el tacto se convierte, muy pronto, en deleite también lector, en cuanto esta fantástica autora logra introducirnos en sus historias, a través de una ambientación extraordinariamente cuidada, muy representativa de su estilo de escritura, como ya aprecié en mi aproximación a su novela "La solterona". Las descripciones son precisas y detalladas pero, aun así, no rompen con el ritmo de los relatos ni hacen perder el hilo al lector. La estructura breve de los textos está muy bien manejada por Wharton, que atiende a preservar la calidad de sus diálogos, el retrato psicológico de sus personajes y la brillantez de los finales, tan especialmente necesarios en este género, sin perder ni rigor ni ritmo.

Edith Wharton
Sin embargo, en donde Wharton se muestra como una auténtica maestra es en la presentación de sus protagonistas: la mayoría son mujeres que representan sobre la página mucho de lo que la propia autora manifestaba en su vida real; sobre todo, el espíritu de modernidad, la inteligencia con la que observan los cambios sociales y se amoldan a ellos mientras, a su lado, los personajes masculinos son presentados en muchas ocasiones como seres confundidos, aún inadaptados a las nuevas realidad del fin de siglo. Tanto en los textos sobrenaturales como en los más realistas, la autora afina su pluma para rendirse a la ironía, a la sutil crítica social, incluso al humor negro. La clase acomodada, a la que ella misma pertenecía, aparece representada en sus espacios más frecuentes (la casa, el palacete, un viaje), en los que se inserta la interrupción de lo insólito, sea por la presencia de un algo ultraterreno, sea porque los secretos profundos de los personajes, los silencios y las motivaciones más oscuras se muestran latentes en todo momento.

Aunque no todos los relatos gozan de la misma calidad, y se puede apreciar cómo a medida que avanzan en el tiempo se hacen más enriquecedores (los textos aparecen ordenados cronológicamente), el conjunto constituye una lectura muy agradable, que a los amantes de los textos cortos puede cautivar especialmente por la sabiduría con que Wharton nos pinta la manera en que lo cotidiano esconde lo inquietante.





La solterona, de Edith Wharton

miércoles, 22 de enero de 2014


La solterona
Autora: Edith WhartonEditorial: ImpedimentaPáginas: 144


Sinopsis
Nueva York, mediados del siglo XIX. Mientras Delia Lovell se prepara para asistir a la boda de su prima Charlotte, ésta aparece en su casa y le revela un terrible suceso que ambas mujeres, por distintas causas, se ven obligadas a esconder, mientras la ansiada boda se cancela. A partir de ese momento, sus vidas quedan atrapadas por este secreto que las unirá para siempre enfrentándolas al estricto mundo en el que viven.


Reseña de Rustis

En el Nueva York de mediados del siglo XIX ser mujer, y serlo dentro del extenuantemente rígido mundo burgués, no era cosa fácil. Esto es, de forma resumida, una buena manera de explicar lo que Edith Wharton nos enseña en esta pequeñita novela que leí casi en un suspiro y que no puedo dejar de recomendar.

Edith Wharton


Para mostrar este universo hostil y angustioso, la autora elige a dos mujeres que cumplen en la historia la misión de representar dos maneras de sentir y vivir aparentemente distintas pero, en el fondo, muy similares. En primer lugar se nos presenta a Delia, la cumplidora, firme representante de su clase social, feliz de puertas para afuera, pero con un universo interior que, desde las primeras páginas, revela una terrible realidad: la experiencia de que el matrimonio es, en ese tiempo histórico, la única salida -y no sencilla- para la mujer. Y que, aun cumpliendo con este inamovible rol, no tienes asegurada la felicidad. Sólo eso que todos ansiamos: seguridad. Frente a ella, Charlotte, la solterona que presta título a la novela. Con ella, Wharton nos pone frente a la compleja situación de ver cómo el incumplimiento de la imprescindible prudencia, lleva a una mujer a destrozar su futuro para pagar el precio de los errores pasados. Charlotte es la mujer extraña atravesada en un mundo de apariencias y de extrema moralina; si aún hoy en día ser una “solterona” -y nótese el sentido peyorativo del término- es saltarse, de algún modo, una regla no escrita, imaginaos lo que significaba serlo en esos tiempos de maricastaña. Al final, ese terrible y secreto error de Charlotte es el sustento de la historia de ambas, que verán cómo sus dos vidas, que comenzaron de formas tan diferentes, quedan atadas por un lazo imposible de eliminar. Y ahí debe quedar la cosa porque, lectores, no pretendo destrozar a nadie el misterio del caso. Aunque seguro que más de uno ya tiene en su cabeza una idea de cuál puede ser ese tropezón cometido por la pobre solterona.



De todos modos, este esbozo de la trama es solamente la punta del iceberg de lo que podemos encontrar en la novela. Lo más interesante, según mi lectura, es percibir el desasosiego y angustia latentes en ambos personajes a lo largo de todo el texto. Wharton consigue transmitirnos esta sensación con un estilo donde prima la sencillez, la sobriedad y, por encima de todo, los silencios. Muy pocas palabras por parte de las dos protagonistas, apenas las justas para seguir la historia, mientras el narrador escudriña en la psicología de ambas y nos la presenta a través de mínimas descripciones en las que, hasta la apariencia de los objetos o las habitaciones colaboran en mostrarnos la marginalidad en que estas dos mujeres se sitúan dentro de su estatus social. 

Tanto la “felizmente” casada Delia, como la solterona, acaban cayendo en desgracia, puesto que en plena burguesía decimonónica todo secreto que amenace con alterar el orden social debe ser escondido bajo la alfombra. Como las bombas enterradas bajo tierra que sólo amenazan a aquellos que conocen su existencia: así, el secreto de Charlotte y Delia, compartido por el lector, es el “tic-tac” que nos pone en una constante alerta de que algo terrible puede suceder en cualquier momento. Aunque, en este caso, insisto en que lo importante no es tanto el “qué” sucede sino el “cómo” sucede y, sobre todo, cómo lo viven estas dos mujeres que, con cada una de sus decisiones, estrechan el abismo que las separa hasta hacerlas casi un único personaje. En ambas, y vuelvo al inicio, queda agazapada la esencia de esa difícil existencia de la mujer burguesa decimonónica. Maravilloso ver cómo en tan pocas páginas fue Edith Wharton capaz de sustentar en perfecto equilibrio todo ese magma contenido, a punto de la explosión. Un texto imprescindible, redondo, perfecto, desasosegante pero muy atractivo y de lectura inaplazable. Ya estáis tardando.


- Agradecemos a la editorial Impedimenta el envío de este libro.






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