El PacienteAutor: Juan Gómez-JuradoEditorial: Círculo de Lectores – Edición original de PlanetaISBN: 9788467259605Páginas: 471SinopsisEl prestigioso neurocirujano David Evans se enfrenta a una terrible encrucijada: si su próximo paciente, el presidente de Estados Unidos, sale vivo de la mesa de operaciones, su pequeña hija Julia morirá a manos de un despiadado psicópata.
Reseña de Custis
Si algo nos caracteriza a
los españoles es nuestro afán por americanizar ciertos elementos en
el cine o en la literatura que funcionarían igual de bien, o incluso
mejor, al más estilo patrio. Sin embargo, Juan Gómez-Jurado, con su
novela El Paciente, se salva por los pelos de caer en las fauces de
la exageración y la hipérbole estadounidense, con algunas
excepciones que citaré posteriormente.
El Paciente se presenta
como un libro-thriller, de esos que parece que te van a enganchar
desde la primera palabra hasta el apartado de “agradecimientos”;
y lo hace con creces, en un estilo pulcro y cuidado, que huye de las
florituras y adornos innecesarios.
Nuestro héroe, o como
decimos en Asturias: El “mozín de la película”, es un
neurocirujano de lo más prestigioso, el doctor Evans, que recibe el
encargo más importante que todo médico ambicioso querría tener:
Operar al presidente de los Estados Unidos. Sin embargo, esta tarea
viene acompañada de una misión adicional y paralela. Y es que, unos
secuestradores han raptado a su hija Julia, su rayito de luz y único
amor que hace más llevadera la muerte de su esposa. A cambio de
mantener a la pequeña con vida, el doctor Evans tendrá que ser el
responsable de que el Paciente, con mayúsculas, no salga vivo del
quirófano.
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| Juan Gómez-Jurado |
Se trata de una novela
que te atrapa y te roba las horas sin que seas consciente,
introduciendo nuevas variables y personajes que harán que cada paso
sea más interesante.
Los personajes, eso sí,
son muy predecibles. Los malos son un terror, asesinos sin piedad ni
corazón que se ríen del Síndrome de Estocolmo. Los buenos, por
contrapartida, son un poco tediosos, guapos e inteligentes a rabiar,
de los que invitas a cenar a casa y antes de que llegue el postre
estás deseando que se vayan arguyendo alguna nimia excusa.
El final, a su vez, no es
ninguna sorpresa. Un tanto decepcionante y poco arriesgado, en mi
humilde opinión, al dejar ciertas puertas abiertas. Los desenlaces
con interrogante no son objeto de mi devoción por lo que no pude
evitar que me chirriasen los dientes con la última de las líneas de
la novela.
Eso sí, haciendo mención
al primer párrafo, quiero y creo que debo destacar el apartado de
“agradecimientos”. Cuando uno lee que el autor dedica unas líneas
a su personal Sr. White (El villano y archienemigo de Evans), se
remueve de emoción en el sillón y siente el impulso de escribir, o
tuitear, a Gómez-Jurado para indagar en su vida personal… ¿O es
que todos tenemos a un Sr. White vigilando nuestros pasos?





