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El polizón del Ulises, de Ana María Matute

jueves, 22 de mayo de 2014

El polizón del Ulises
Autora: Ana María Matute
Editorial: Anaya
ISBN: 9788467860870
Páginas: 116

Sinopsis
Tres hermanas solteras (Etelvina, Leocadia y Manuelita) encuentran un día a las puertas de su casa a un niño abandonado. Después de buscar a los padres sin éxito, las tres hermanas deciden adoptarlo y llamarlo Marco Amado Manuel, aunque todo el mundo lo conocerá por Jujú. Cada una de las tres hermanas se emplea a fondo en enseñarle al niño aquello que considera más importante en la vida para que se convierta en un hombre sabio, elegante y práctico.
Pero a Jujú lo que más le gusta es refugiarse en el desván para leer y leer. Allí creará su propio mundo con la compañía inseparable del Ulises.

Reseña de Mustis

¿A quién recurrís si queréis leer algo sabiendo de antemano que no os va a decepcionar? Para mí, una de mis apuestas seguras siempre será Ana María Matute: da igual el tema sobre el que trate, que sea un libro largo o cortito,... cuando vuelvo a Ana María Matute sé que podré relajarme y disfrutar.

El polizón del Ulises es un precioso libro infantil que Matute escribió hace ya bastantes años, allá por el año 1965, y nos cuenta la vida de Jujú, un niño como podría ser cualquiera de los de aquella época, que vive en el campo y cuyo bien más preciado es su imaginación. Seguramente Ana María Matute se veía reflejada en ese niño que subía al desván y leía sin parar, imaginándose después montones de aventuras a bordo de su Ulises con sus inseparables amigos del reino animal. No en vano he oído en varias ocasiones a la escritora contando cómo de pequeña había estado enferma y combatía el aburrimiento con la lectura y, sobre todo, con su fantasía. En ese aspecto, creo que Ana María Matute no ha dejado de ser niña en ningún momento de su vida y eso se aprecia totalmente en sus libros, como en éste El polizón del Ulises, pasando por Olvidado rey Gudú, por Paraíso inhabitado y por tantos otros.

También las hermanas que cuidan de Jujú tienen sus propias fantasías sobre el niño: Manuelita le ve como un campesino que la ayudará a cuidar la finca, Etelvina como a un sabio e hijo de un guerrero romano, y Leocadia como a un príncipe destronado.

El tema más importante de El polizón del Ulises es la amistad, con esa preciosa relación que se establece entre Jujú y el fugado de la prisión, relación que a priori parecería imposible y que, sin embargo se convierte en la parte más bonita del libro. El fugado, convertido ya en polizón del infantil barco imaginario, se ve conquistado por esa personita tan especial hasta el punto de que renunciará a su propia libertad por salvarle.

Ana María Matute

Anaya ha publicado este libro en su colección Clásicos Modernos, entre los que también encontramos El ponche de los deseos de Michael Ende, o El bosque de piedra de Fernando Alonso. Habría que darles a nuestros niños la oportunidad de disfrutar de una historia que, sin necesidad de tanta acción, ilustraciones llamativas o sorpresas varias, como tienen los libros infantiles actuales, podrá conquistarles tocándoles el corazón. O, al menos, eso quiero creer. Yo haré la prueba.

Agradecemos a la editorial Anaya el envío de este ejemplar.

Prohibido leer a Lewis Carroll, de Diego Arboleda y Raúl Sagospe

jueves, 30 de enero de 2014




Prohibido leer a Lewis Carroll
Autor: Diego Arboleda
Ilustrador: Raúl Sagospe
Editorial: Anaya Infantil y Juvenil
ISBN: 9788467840124
Páginas: 205
Este libro narra la historia de Eugéne Chignon, una joven institutriz francesa que en 1932 viaja hasta Nueva York para cuidar de una niña, Alice, cuya desatada pasión por el mundo creado por Lewis Carroll ha provocado que sus padres le prohíban leer sus libros.La primera misión de Eugéne será evitar que Alice se entere de que Alice Liddell, la auténtica Alicia que inspiró a Lewis Carroll, ahora con ochenta años, va a visitar la ciudad para recibir un homenaje.
Eugéne Chignon comprobará que las extrañas casualidades, los personajes extravagantes y las situaciones absurdas no son sólo patrimonio del País de las Maravillas, sino que se encuentran a menudo en nuestro mundo y especialmente en esa casa.La comedia disparatada y los datos históricos (reales y a pesar de eso aún más disparatados) tienen cabida en esta novela, en la que el sinsentido, ese nonsense tan emblemático de Carroll, acaba teniendo mucho sentido.
(Sinopsis de la editorial)


Desde que la editorial Anaya, en su catálogo infantil y juvenil, dio luz a este libro, me he imaginado a todos los lectores -en su mayoría adictos lectores- de Lewis Carroll y su fantasiosa Alicia con los pelos de punta e intrigadísimos con la idea de que leer al genio británico esté prohibido. Y entre ellos, me cuento yo. No cabe duda de que Diego Arboleda ha utilizado una estrategia inigualable de atracción: lo prohibido. Ya se sabe, si algo está prohibido, alienta más el deseo. Y no digamos entre los niños.

Sobre esa premisa de la prohibición, se arma una historia que no debe dejar indiferente a nadie, y en ese nadie incluyo tanto a pequeños como a adultos. Es cierto que como lectura cabría decir que su público esencial serían los niños entre los 6 y 8 años; pequeños lectores, primeros lectores muchos de ellos, que descubrirán aquí una historia de lectura sencilla, vocabulario totalmente accesible, llena de humor y fantasía, y con la guinda de unas ilustraciones atractivas y que captan con perspicacia el espíritu del texto. No cabe duda de que el matiz “retro” de los dibujos de Raúl Sagospe, para ilustrar una historia ambientada en los años 30, es una decisión acertadísima; pero es que además esos dibujos cumplen la siempre deseable premisa de hacernos ver de forma directa las expresiones y comportamientos de unos personajes que cobran aún más vida cuando los encontramos aquí y allá en los numerosos diseños que pululan por el libro. Impagable -siempre lo recordaré- la cara de mis sobrinos cuando el libro llegó a casa. Inolvidable ver que se agarraron a él, a mirar sus dibujos y a disfrutar un poquito de la historia, sin apenas dejarnos a Mustis y a mí tocarlo. Algo tiene este libro que, sin duda, les atrapa.

Pero yo soy adulta, y como tal leí la historia. Es verdad que una trata de ponerse un poco en la piel de un niño y leer con ese espíritu, pero tristemente no puedes dejar de ser adulto y, en ocasiones, puede suceder que leas algo que te parece fantástico para un niño, pero no para ti. No es el caso. Ahí me tenéis, libro en mano, a altas horas de la noche, tratando de ahogar las carcajadas en la almohada para no despertar a mi marido. Efectivamente, el humor del texto es brillante, porque no se trata de reírse de chistes “para niños”: en Prohibido leer a Lewis Carroll los adultos nos podemos reír constantemente del cúmulo de situaciones brillantemente absurdas que pueblan la historia. No hablo solamente de las muchas peculiaridades de los personajes, aunque es de justicia destacar también que la caracterización de cada uno de ellos es simplemente perfecta, porque no deja dudas de quién es cada uno: la patosa y atolondrada institutriz francesa, los estirados padres de Alicia, la fantasiosa niña rubia, el extravagante tío que se pasa más de la mitad del libro colgado boca abajo... pero lo que más nos hace reír a los adultos, es que Diego Arboleda ha conseguido algo que es muy difícil de lograr en un libro infantil, pero siempre muy deseable: que agazapada, escondida entre las líneas, así como de soslayo y sin que casi nadie se de cuenta, está la crítica y, con ella, la enseñanza. El autor nos enseña el absurdo del mundo de unos adultos, muchos de ellos además pertenecientes a la aristocracia, que prefieren la mentira y la apariencia antes que permitir que una niña desarrolle su imaginación. Así, de algún modo la tesis del libro va quedando clara: la “mentira” de las ficciones de Lewis Carroll, el absurdo con que pinta su País de las Maravillas, son solamente modos de enseñarnos a dejar volar nuestra imaginación, permitirnos la libertad de crear, como la Alicia de este libro hace a escondidas. Sin embargo, la mentira que los padres de Alicia exigen a su institutriz (¡¡Prohibido hablar, leer a Lewis Carroll!!) es fruto de una mente obsoleta, anclada en la tradición y en el más retrógrado concepto de obediencia y disciplina.




La historia, con todo esto, es irrepetible. Un libro difícilmente mejorable, que trae en las manos ecos de la maravillosa Mary Poppins e, incluso, de la sufrida Matilda. Los referentes, no podéis negarlo, son inigualables. Todo un alegato en favor de la infancia como espacio para el entretenimiento, la fantasía, la creación, y la lectura, frente a un mundo “carca” y de moral cuestionable. Muy actual, ¿no? Yo, de vosotros, no me lo perdería.



Hacía mucho tiempo que no leía un libro infantil y tenía ganas de encontrar uno que me pudiese llegar a convencer totalmente. Por eso, cuando conseguí Prohibido leer a Lewis Carroll, galardonado con el premio Lazarillo a la Creación Literaria, con un exterior precioso y sobre un tema tan atractivo para mi (Alicia en el país de las maravillas es uno de mis libros infantiles favoritos) me lancé de cabeza leerlo.
Y lo que el libro prometía se cumplió.

Parte de un hecho real, el homenaje que en la Universidad de Columbia se le hizo a Alice Liddell, inspiradora de la Alicia de Lewis Carroll, en 1932. Sobre este hecho se construye la historia de otra Alice, la niña de la que se tiene que ocupar la institutriz Eugéne Chignon, y a la que sus padres le han prohibido cualquier tipo de contacto con la obra de este escritor.

Alice Liddell


Los lectores pronto nos damos cuenta de que, a pesar de esa prohibición, el mundo en el que vive esta nueva Alicia es casi o tan surrealista como el del País de las Maravillas. Porque todo en esta obra es un homenaje a la imaginación, la fantasía y el surrealismo de Carroll.

El comienzo es realmente brillante, con la presentación de la patosa institutriz francesa Eugéne Chignon y su habilidad de destrozar todo lo que toca. Todos los detalles están cuidados y provocan nuestra risa, hasta los nombres de ese conjunto de aristócratas que envían a Eugéne como institutriz al otro lado del charco: Petulant y Arrogueth, hijos de la marquesa de Puntilliste, el Barón de Àdroite y el Barón de Àgauche, enemigos acérrimos, Baptiste Travagant, el dueño del huevo gigante... A poco francés que sepamos, nos daremos cuenta de qué bien escogidos están para cada personaje.

La historia es sencilla y dinámica, ideal para que los niños no puedan dejar de leer. Los disparates y las casualidades se suceden a un ritmo frenético que hará que sin darnos cuenta ya habremos terminado el libro. Los personajes son maravillosos: todos son divertidísimos y todos tienen su rareza particular. Alice con su obsesión por la Alicia de Carroll, que hasta llega a crearse su propio espacio a imagen del País de las Maravillas; su tío Timothy Stilt, incontrolable debido a su eterna hambre insaciable pero que es quien mejor comprende y cuida a su sobrina; Eugéne Chignon, por supuesto, con su capacidad para romperlo todo... Pero también son entrañables los personajes secundarios, como Baptiste Travagant que viaja con su Humpty Dumpty particular, o dos de los personajes reales que aparecen en el libro: Alice Liddell y Michael Llewelyn Davies, inspiradores de Alicia y  de Peter Pan y que de forma muy emotiva se conocen en el viaje de amobs a EEUU (desconozco si esto ocurrió así en la realidad).

Si Diego Arboleda se me ha revelado como un grandísimo escritor para niños, Raúl Sagospe me ha dejado con la boca abierta. Sus ilustraciones son de lo mejor del libro: coloridas, divertidas y que reflejan con exactitud todos los detalles de lo que vamos leyendo. Da la impresión de que escritor e ilustrador se funden en uno solo cuando trabajan juntos, porque es increíble el grado de compenetración que logran entre texto e ilustraciones, consiguiendo un todo inseparable. El libro no sería lo mismo sin los dibujos de Sagospe. Prácticamente todas las páginas están ilustradas, y yo estaba deseando pasarlas para ver con qué nuevo dibujo me iba a encontrar a continuación.

Diego Arboleda
Y no sólo es precioso el contenido: también el formato del libro, el diseño exterior con alguna parte brillante, las ilustraciones de las guardas... Anaya ha hecho un trabajo impecable con esta edición.

Tanto si tenéis 8 como 80 años; tanto si sois padres como si no lo sois; tanto si adoráis la literatura infantil como si no os llama demasiado la atención; todos deberíais leer este libro. Porque no es sólo un maravilloso libro infantil, es un MARAVILLOSO LIBRO, así, con mayúsculas.



Agradecemos a Anaya Infantil y Juvenil el envío de este ejemplar.
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