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El asesinato de Roger Ackroyd, de Agatha Christie

sábado, 14 de febrero de 2015

El asesinato de Roger Ackroyd

Autora: Agatha Christie
Editorial: RBA
ISBN: 9788479015435
Páginas: 156




Sinopsis
Mrs. Ferrars ha muerto víctima de una sobredosis de somníferos. Hace un año, su marido murió al parecer de una gastritis aguda. Caroline Sheppard, la hermana del médico de King's Abbot, sospecha que fue envenenado. Poco después, Roger Ackroyd, el terrateniente de la villa, aparece muerto con una daga tunecina clavada en la espalda. ¿Estarán las tres muertes relacionadas? ¿Tendrá Caroline razones para sospechar?

Reseña de Rustis

Cuando Teresa, de Leyendo en el bus, nos propuso participar en un Homenaje a Agatha Christie, supe que volvería a leer esta novela. Está, por supuesto, entre las más conocidas y valoradas de su autora, y desde hace años vuelvo con cierta frecuencia a ella para repasar algunos detalles que han pasado a convertirla en todo un ejemplo de originalidad en el manejo de la narración. Son dos, fundamentalmente, las cuestiones que llaman la atención en El asesinato de Roger Ackroyd: el narrador elegido por Agatha Christie para contar la historia y, por supuesto, el final de la novela.




Aunque la autora vuelve de nuevo a la figura de Hercules Poirot como detective protagonista, decide en este caso presentarnos la acción a partir del punto de vista de Mr. Sheppard, el médico de la pequeña localidad inglesa de King's Abbot. Este personaje nos irá contando, a través de sus recuerdos y las notas que toma en su diario, lo sucedido desde el día en que su acaudalado amigo, Roger Ackroyd, es asesinado en su despacho por un desconocido que le clava una daga tunecina. Es Mr. Sheppard quien irá presentando a los diferentes protagonistas de la historia, todos ellos familiares, amigos o vecinos del muerto que, de una u otra manera, y como suele ser habitual en las novelas de Christie, en algún instante de la historia parecen convertirse en sospechosos. También será él quien, tras la decisión de la hija de Ackroyd de pedir al detective Poirot que averigüe quién es el responsable del asesinato, acompañe al detective belga en sus pesquisas y nos muestre el peculiar sistema de investigación y la egocéntrica personalidad de éste. Insisto en muchas ocasiones en mis reseñas en las dificultades que genera la elección de un narrador en primera persona en cualquier tipo de novela; hace poco, además, confirmaba los peligros de esta técnica al observar los pequeños errores que Sophie Hannah, en su resurrección de Hércules Poirot, cometía al tratar de desarrollar un sistema similar al de El asesinato de Roger Ackroyd. Pero a la “dama del misterio” nada se le ponía por delante, y en esta novela no se pierde ni un ápice de rigor, ya que la autora es capaz de colocar a Mr. Sheppard siempre en la posición más adecuada para lograr contar la historia de modo que el lector pueda seguirla sin perder los detalles más importantes y, sobre todo, sin caer en la falta de verosimilitud.
Agatha Christie

Por otro lado está el final de la historia, que por supuesto no revelaré y que fue, desde la publicación de la novela, motivo de disensiones entre críticos, algunos de los cuales acusaron a Agatha Christie de romper con una de las condiciones básicas del género: “el detective no puede saber más que el lector”. Os preguntaréis qué opino yo al respecto y si, efectivamente, en esta historia Hércules Poirot, más allá del momento final en que, como siempre, revela quién es el asesino, sabe más de lo que sabemos los lectores. Yo afirmo rotundamente que no existe tal engaño, que no se rompe esta premisa de la novela clásica de detectives, y que en ningún momento me he sentido engañada -aunque sí muy sorprendida- por el desenlace de la historia. He vuelto con mucha frecuencia sobre esta novela para recordar la manera en que está montada la trama, para repasar los acontecimientos intentando averiguar si, efectivamente, existe alguna trampa que achacar a su autora, y continúo pensando lo mismo. En todo momento, si somos lectores atentos, tendremos todas las variables delante de nuestras narices aunque, como suele suceder, la mayoría de nosotros no seremos capaces de darle a todos los detalles la importancia necesaria para lograr adelantarnos a ese sorprendente final. He conocido personas, la mayor parte de ellas frecuentes visitantes de novela de misterio, que han sido capaces de averiguar el final antes de llegar a él pero, por lo general, no sucede así y, por supuesto, debemos tener en cuenta que la novela fue publicada en 1926, cuando aún no todo estaba dicho en el mundo de la narración detectivesca, lo que convertía a Agatha Christie en una pionera en el manejo de determinados recursos de construcción de la trama.


El asesinato de Roger Ackroyd es, en suma, no sólo una de las mejores obras de su autora, sino también un texto imprescindible para aquellos a quienes les atraiga el misterio. Como es habitual en Agatha Christie, la historia se rodea de una ambientación exquisita, unos personajes muy creíbles, a los que conocemos a través de diálogos ágiles y veraces, y un ritmo muy adecuado que nos lleva, poco a poco, hacia uno de los mejores finales -quizá sólo superado por Asesinato en el Orient Express- de todos los imaginados por la gran dama del misterio. Sólo un aviso a navegantes: aunque la novela, aun conociendo su resolución, sigue resultando interesante y hay quienes, como yo, vuelven a ella de vez en cuando, merece ser leída sin conocer demasiados detalles de su trama. Por supuesto, sin conocer su final. Estos días he comprobado cómo abundan en la red páginas, reseñas y comentarios de lectores en los que se desvelan demasiados datos. Antes de que una lengua viperina y rápida os estropee este misterio, haceos con la novela y descubridlo por vosotros mismos.

Los crímenes del monograma, de Sophie Hannah

jueves, 15 de enero de 2015

Los crímenes del monograma

Autora: Sophie Hannah
Editorial: Espasa
ISBN: 9788467042184
Páginas: 362




Sinopsis
Londres, 1929. Hércules Poirot está cenando en el café Pleasant cuando una mujer irrumpe en el local y le confía que alguien está a punto de matarla. Le ruega que no investigue, pues con su muerte, dice, se habrá hecho justicia.
Unas horas más tarde, tres personas son asesinadas en un elegante hotel londinense. Poirot no puede evitar involucrarse en el caso, pero, mientras él se esfuerza en ordenar todas las piezas, el asesino se prepara para volver a matar.

Reseña de Rustis

El pasado año 2014 recibíamos la noticia de que los herederos de Agatha Christie habían encargado a Sophie Hannah una novela que resucitara al personaje del afamado detective Hércules Poirot. No parecía entonces equivocado seleccionar a una autora que, sin llegar ni con mucho a las ventas de Christie, ya era conocida en los círculos literarios como una acostumbrada visitante de la novela de misterio. Sophie Hannah recibía, de todos modos, la responsabilidad de retomar a un personaje admirado por millones de lectores, y causante en buena parte de la fama mundial de Agatha Christie. El encargo no era sencillo, y muchos esperábamos ansiosos la publicación de Los crímenes del monograma para valorar hasta dónde había podido llegar Hannah con su recreación. 







Estamos ante una historia que, presumo, quedará lastrada siempre por la imposibilidad manifiesta de ser una obra de la auténtica dama del misterio; pero que, es obvio, atraerá la curiosidad de muchos lectores que, como yo, no dejarán escapar el capricho de reencontrarse con Poirot.

Sophie Hannah

Agatha Christie


Debo decir que el resultado, viendo la dificultad de partida, es más que notable. La narración conserva gran parte del estilo de la dama del misterio, especialmente en la elaboración de una trama clásica basada en el juego de identidades, las sorpresas y los pequeños engaños. Una historia envolvente y adictiva, de esas que es casi imposible abandonar hasta no girar la última página. Hannah nos sitúa en un café londinense, el Pleasant, al que acude una vez por semana el ya retirado detective Hércules Poirot. En ese espacio redescubrimos la cara más extravagante del personaje que, obsesivo, recoloca la cubertería del local mientras agudiza el oído y la vista para captar todo lo que sucede a su alrededor. Repentinamente, una asustada joven entra en escena y, solícito, el detective acude a su mesa para tratar de calmarla. Un comienzo que, efectivamente, no es en exceso original, pero que desde luego recoge el sentido inicial de muchas historias de Agatha Christie. A partir de ese momento, se desarrollará el misterio ante los ojos de Poirot y de sus lectores.

Aparentemente, la novela comienza con un narrador externo que nos cuenta la escena en el café sin inmiscuirse en ella. Pero pronto descubriremos que, en realidad, quien nos habla es Edward Catchpool, policía en Scotland Yard y amigo personal de Hércules Poirot. Así, la historia de Los crímenes del monograma está enteramente narrada en primera persona por una figura que, nuevamente, recupera la imagen de algunos personajes de Christie: la del investigador que, pese a sus muchos esfuerzos por hacer reinar la cordura, ve cómo el detective belga parece encontrar conexiones y pistas en todo lo que le rodea. Hasta que, finalmente, debe rendirse a la evidencia de que Poirot nunca, o casi nunca, se equivoca. Como ya digo, responde a una tipología muy habitual en la novelística de Agatha Christie, aunque reconozco encontrarle más cercano a los policías que acompañan a la “metomentodo” anciana Miss Marple, que a los amigos de Hércules Poirot. No suelen ser estos últimos tan críticos ni tan impacientes como se muestra aquí Catchpool.



Aunque reitero que el resultado es francamente bueno, dados los antecedentes, considero que Hannah se equivoca al seleccionar este narrador. La historia contada por Catchpool tropieza en algunas ocasiones por los esfuerzos que la autora debe hacer para colocar las escenas en las que Poirot se encuentra solo investigando en boca de quien nunca ha estado allí con él. Se resuelve esto, claro está, haciendo ver que el policía nos narra aquello que Hércules Poirot le contó primero. Sin embargo, y como también es habitual cuando se elige este punto de vista, una novela de detectives tropieza en el momento en que debe combinar la presentación detallada de un interrogatorio con el hecho de que, quien lo cuenta, no ha estado presente en él. A esto debemos sumarle que la recreación del personaje principal no se muestra tan viva como en el original, precisamente porque le observamos a través de los ojos del policía, lo que nos distancia de Poirot y le coloca en ocasiones, sorprendentemente, en un segundo plano.


 Con todo, Sophie Hannah consigue elaborar una historia llamativa contada con ritmo ágil y con muchas dosis de misterio “a lo Christie”. Falta, ya digo, el alma del personaje principal, el tono costumbrista con que la gran dama del misterio nos lo presentaba deteniéndose en sus movimientos, pensamientos, gestos y hábitos. Pero la novela es más que suficiente para reencontrarnos con él, si es que somos admiradores. Para quienes no hayáis tenido la suerte de leer nunca a Agatha Christie, os servirá para poneros la miel en los labios. Querréis más. Y, asumo por esto mismo, que los herederos de la escritora han estado, finalmente, muy acertados.
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