Mostrando entradas con la etiqueta novela de detectives. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta novela de detectives. Mostrar todas las entradas

La señorita Pym dispone, de Josephine Tey

lunes, 5 de octubre de 2015

La señorita Pym dispone
Autora: Josephine Tey
Editorial: Hoja de lata
ISBN: 9788494280566
Páginas: 319


Sinopsis
Tras convertirse de la noche a la mañana en escritora de éxito gracias a su libro de psicología popular, la menuda e insegura señorita Pym es invitada a dar una conferencia en Leys, la prestigiosa escuela de educación física para jovencitas situada en plena campiña inglesa. A primera vista, y a pesar del extenuante ritmo de estudios, todo allí resulta ideal: la segunda guerra mundial acaba de terminar, el aire de los jardines es vivificante, las jóvenes alumnas no pueden ser más inteligentes y amables y el variopinto profesorado resulta sugerente y cabal. Pero, bajo la atenta y analítica mirada de la señorita Pym, esa imagen de apacible rutina irá poco a poco desmontándose a partir de pequeños y enigmáticos incidentes que harán aflorar el lado menos amable del internado. Un apasionante puzle de piezas desencajadas y giros inesperados que poco a poco irán dibujando un sorprendente desenlace.


Reseña de Rustis

Josephine Tey (seudónimo de la novelista y dramaturga escocesa Elizabeth Mackintosh) es reconocida como una de las damas del crimen británico, pese a lo que no goza de la difusión merecida en España. Solamente disfrutamos, en nuestro idioma, de la novela La hija del tiempo (RBA), a la que se añade esta cuidada edición preparada por Hoja de Lata, que salió a la luz en abril de 2015.



Se convierte casi en rutina del blog aplaudir el maravilloso trabajo que esta pequeña editorial asturiana lleva a cabo, en este caso con una colección, “Sensibles a las letras”, que está poniendo en circulación textos muy del gusto del público pero poco conocidos pese a su extraordinaria calidad. Destaca en esta ocasión el acertado diseño de la portada, que comunica en una sencilla imagen gran parte del contenido que vamos a disfrutar en la novela: un pequeño pueblecito de la campiña inglesa, en el que se ubica el colegio de señoritas Leys, recibe la visita de Lucy Pym que se convertirá, poco a poco, en la perspicaz y poco común detective que observa con su lupa cuanto sucede en el lugar.

Decir que la escocesa Josephine Tey es, junto a autoras tan nombradas como Agatha Christie o Dorothy L. Sayers, una de las grandes damas de la literatura criminal británica, hace suponer que esta entretenida novela constituye una narración de detectives clásica. No lo es en absoluto, aunque parta de algunos códigos procedentes del género y pueda, en cierta medida, definirse como “novela de misterio”. Existe algo que resolver en la trama de La señorita Pym dispone, algunos pequeños enigmas se van posando sobre las páginas, aunque en la mayor parte del texto el interés recae sobre el estudio de los personajes y la comprensión de las almas y caracteres de todos ellos, más que en dilucidar ningún secreto. De hecho, Josephine Tey regula la acción de la novela magistralmente, enfocando nuestra mirada en una dirección para, en los últimos capítulos, llevarnos ya sí al terreno del crimen. Ni siquiera entonces la resolución será la propia de la novela clásica, puesto que las dimensiones que alcanza la obra abarcan mucho más que el mero “qué sucedió”, para adentrarnos en una disquisición de contenido moral: la protagonista, más que detective al uso, será el personaje convertido repentinamente en dueño de la situación, y su batuta parecerá determinar los destinos del resto de protagonistas alimentando una lucha entre “lo correcto” y “lo humano”. La impresión final es la de una narración de intriga con enormes dosis de reflexión sobre la justicia, el deber y las apariencias.

Aun con toda esta carga de debate moral, La señorita Pym dispone es un texto de tono relajado, estilo asequible y grandes dosis de humor y entretenimiento. No faltan, sin duda, los toques costumbristas propios del género, aunque se permita la autora diseñar personajes que retuercen en ocasiones la ingenuidad de nuestra mirada; así sucede con una de las jóvenes alumnas, la brasileña Desterro, quien desde su pose de extranjera rompe la convención y afirma: “siempre hay un pueblo en Inglaterra, es ese tipo de país”. 
Josephine Tey
Hay un pueblo, un internado para señoritas (imposible abandonar el recuerdo de las sagas juveniles Torres de Malory o Santa Clara, de Enyd Blyton), un coqueto café y una amplia campiña que deja lugar a la expansión de los personajes, más allá de los límites del colegio que contiene la acción principal. Sobre ese manto costumbrista se dispone un estudio psicológico pormenorizado de las alumnas y profesoras del centro, que la señorita Pym construye haciendo gala de su perspicacia y su capacidad de observación. Lo sorprendente y maravilloso del caso es que, cuanto más ahondamos en el conocimiento de los protagonistas, más profundizamos en el ser humano que los presenta. Es Lucy Pym a quien mejor comprendemos, sus acciones y debates internos nos reclaman como seres humanos y nos obligan a inmiscuirnos en su misma lucha por averiguar qué sucede a esas chicas que, como alguien afirma, “no llevan una vida normal. No puede esperarse que sean normales”.


 La señorita Pym es una recreación, en el texto, del propio lector, que se enfrasca en la alegre y despreocupada vida del internado, sospechando en todo momento que tras las apariencias late una verdad oculta, mucho menos amable. No puedo dejar de aplaudir la elección que Hoja de Lata ha hecho trayéndonos esta deliciosa novela, llena de lo mejor del género de detectives, pero con algo más. Mucho más.

El asesinato de Roger Ackroyd, de Agatha Christie

sábado, 14 de febrero de 2015

El asesinato de Roger Ackroyd

Autora: Agatha Christie
Editorial: RBA
ISBN: 9788479015435
Páginas: 156




Sinopsis
Mrs. Ferrars ha muerto víctima de una sobredosis de somníferos. Hace un año, su marido murió al parecer de una gastritis aguda. Caroline Sheppard, la hermana del médico de King's Abbot, sospecha que fue envenenado. Poco después, Roger Ackroyd, el terrateniente de la villa, aparece muerto con una daga tunecina clavada en la espalda. ¿Estarán las tres muertes relacionadas? ¿Tendrá Caroline razones para sospechar?

Reseña de Rustis

Cuando Teresa, de Leyendo en el bus, nos propuso participar en un Homenaje a Agatha Christie, supe que volvería a leer esta novela. Está, por supuesto, entre las más conocidas y valoradas de su autora, y desde hace años vuelvo con cierta frecuencia a ella para repasar algunos detalles que han pasado a convertirla en todo un ejemplo de originalidad en el manejo de la narración. Son dos, fundamentalmente, las cuestiones que llaman la atención en El asesinato de Roger Ackroyd: el narrador elegido por Agatha Christie para contar la historia y, por supuesto, el final de la novela.




Aunque la autora vuelve de nuevo a la figura de Hercules Poirot como detective protagonista, decide en este caso presentarnos la acción a partir del punto de vista de Mr. Sheppard, el médico de la pequeña localidad inglesa de King's Abbot. Este personaje nos irá contando, a través de sus recuerdos y las notas que toma en su diario, lo sucedido desde el día en que su acaudalado amigo, Roger Ackroyd, es asesinado en su despacho por un desconocido que le clava una daga tunecina. Es Mr. Sheppard quien irá presentando a los diferentes protagonistas de la historia, todos ellos familiares, amigos o vecinos del muerto que, de una u otra manera, y como suele ser habitual en las novelas de Christie, en algún instante de la historia parecen convertirse en sospechosos. También será él quien, tras la decisión de la hija de Ackroyd de pedir al detective Poirot que averigüe quién es el responsable del asesinato, acompañe al detective belga en sus pesquisas y nos muestre el peculiar sistema de investigación y la egocéntrica personalidad de éste. Insisto en muchas ocasiones en mis reseñas en las dificultades que genera la elección de un narrador en primera persona en cualquier tipo de novela; hace poco, además, confirmaba los peligros de esta técnica al observar los pequeños errores que Sophie Hannah, en su resurrección de Hércules Poirot, cometía al tratar de desarrollar un sistema similar al de El asesinato de Roger Ackroyd. Pero a la “dama del misterio” nada se le ponía por delante, y en esta novela no se pierde ni un ápice de rigor, ya que la autora es capaz de colocar a Mr. Sheppard siempre en la posición más adecuada para lograr contar la historia de modo que el lector pueda seguirla sin perder los detalles más importantes y, sobre todo, sin caer en la falta de verosimilitud.
Agatha Christie

Por otro lado está el final de la historia, que por supuesto no revelaré y que fue, desde la publicación de la novela, motivo de disensiones entre críticos, algunos de los cuales acusaron a Agatha Christie de romper con una de las condiciones básicas del género: “el detective no puede saber más que el lector”. Os preguntaréis qué opino yo al respecto y si, efectivamente, en esta historia Hércules Poirot, más allá del momento final en que, como siempre, revela quién es el asesino, sabe más de lo que sabemos los lectores. Yo afirmo rotundamente que no existe tal engaño, que no se rompe esta premisa de la novela clásica de detectives, y que en ningún momento me he sentido engañada -aunque sí muy sorprendida- por el desenlace de la historia. He vuelto con mucha frecuencia sobre esta novela para recordar la manera en que está montada la trama, para repasar los acontecimientos intentando averiguar si, efectivamente, existe alguna trampa que achacar a su autora, y continúo pensando lo mismo. En todo momento, si somos lectores atentos, tendremos todas las variables delante de nuestras narices aunque, como suele suceder, la mayoría de nosotros no seremos capaces de darle a todos los detalles la importancia necesaria para lograr adelantarnos a ese sorprendente final. He conocido personas, la mayor parte de ellas frecuentes visitantes de novela de misterio, que han sido capaces de averiguar el final antes de llegar a él pero, por lo general, no sucede así y, por supuesto, debemos tener en cuenta que la novela fue publicada en 1926, cuando aún no todo estaba dicho en el mundo de la narración detectivesca, lo que convertía a Agatha Christie en una pionera en el manejo de determinados recursos de construcción de la trama.


El asesinato de Roger Ackroyd es, en suma, no sólo una de las mejores obras de su autora, sino también un texto imprescindible para aquellos a quienes les atraiga el misterio. Como es habitual en Agatha Christie, la historia se rodea de una ambientación exquisita, unos personajes muy creíbles, a los que conocemos a través de diálogos ágiles y veraces, y un ritmo muy adecuado que nos lleva, poco a poco, hacia uno de los mejores finales -quizá sólo superado por Asesinato en el Orient Express- de todos los imaginados por la gran dama del misterio. Sólo un aviso a navegantes: aunque la novela, aun conociendo su resolución, sigue resultando interesante y hay quienes, como yo, vuelven a ella de vez en cuando, merece ser leída sin conocer demasiados detalles de su trama. Por supuesto, sin conocer su final. Estos días he comprobado cómo abundan en la red páginas, reseñas y comentarios de lectores en los que se desvelan demasiados datos. Antes de que una lengua viperina y rápida os estropee este misterio, haceos con la novela y descubridlo por vosotros mismos.

Los crímenes del monograma, de Sophie Hannah

jueves, 15 de enero de 2015

Los crímenes del monograma

Autora: Sophie Hannah
Editorial: Espasa
ISBN: 9788467042184
Páginas: 362




Sinopsis
Londres, 1929. Hércules Poirot está cenando en el café Pleasant cuando una mujer irrumpe en el local y le confía que alguien está a punto de matarla. Le ruega que no investigue, pues con su muerte, dice, se habrá hecho justicia.
Unas horas más tarde, tres personas son asesinadas en un elegante hotel londinense. Poirot no puede evitar involucrarse en el caso, pero, mientras él se esfuerza en ordenar todas las piezas, el asesino se prepara para volver a matar.

Reseña de Rustis

El pasado año 2014 recibíamos la noticia de que los herederos de Agatha Christie habían encargado a Sophie Hannah una novela que resucitara al personaje del afamado detective Hércules Poirot. No parecía entonces equivocado seleccionar a una autora que, sin llegar ni con mucho a las ventas de Christie, ya era conocida en los círculos literarios como una acostumbrada visitante de la novela de misterio. Sophie Hannah recibía, de todos modos, la responsabilidad de retomar a un personaje admirado por millones de lectores, y causante en buena parte de la fama mundial de Agatha Christie. El encargo no era sencillo, y muchos esperábamos ansiosos la publicación de Los crímenes del monograma para valorar hasta dónde había podido llegar Hannah con su recreación. 







Estamos ante una historia que, presumo, quedará lastrada siempre por la imposibilidad manifiesta de ser una obra de la auténtica dama del misterio; pero que, es obvio, atraerá la curiosidad de muchos lectores que, como yo, no dejarán escapar el capricho de reencontrarse con Poirot.

Sophie Hannah

Agatha Christie


Debo decir que el resultado, viendo la dificultad de partida, es más que notable. La narración conserva gran parte del estilo de la dama del misterio, especialmente en la elaboración de una trama clásica basada en el juego de identidades, las sorpresas y los pequeños engaños. Una historia envolvente y adictiva, de esas que es casi imposible abandonar hasta no girar la última página. Hannah nos sitúa en un café londinense, el Pleasant, al que acude una vez por semana el ya retirado detective Hércules Poirot. En ese espacio redescubrimos la cara más extravagante del personaje que, obsesivo, recoloca la cubertería del local mientras agudiza el oído y la vista para captar todo lo que sucede a su alrededor. Repentinamente, una asustada joven entra en escena y, solícito, el detective acude a su mesa para tratar de calmarla. Un comienzo que, efectivamente, no es en exceso original, pero que desde luego recoge el sentido inicial de muchas historias de Agatha Christie. A partir de ese momento, se desarrollará el misterio ante los ojos de Poirot y de sus lectores.

Aparentemente, la novela comienza con un narrador externo que nos cuenta la escena en el café sin inmiscuirse en ella. Pero pronto descubriremos que, en realidad, quien nos habla es Edward Catchpool, policía en Scotland Yard y amigo personal de Hércules Poirot. Así, la historia de Los crímenes del monograma está enteramente narrada en primera persona por una figura que, nuevamente, recupera la imagen de algunos personajes de Christie: la del investigador que, pese a sus muchos esfuerzos por hacer reinar la cordura, ve cómo el detective belga parece encontrar conexiones y pistas en todo lo que le rodea. Hasta que, finalmente, debe rendirse a la evidencia de que Poirot nunca, o casi nunca, se equivoca. Como ya digo, responde a una tipología muy habitual en la novelística de Agatha Christie, aunque reconozco encontrarle más cercano a los policías que acompañan a la “metomentodo” anciana Miss Marple, que a los amigos de Hércules Poirot. No suelen ser estos últimos tan críticos ni tan impacientes como se muestra aquí Catchpool.



Aunque reitero que el resultado es francamente bueno, dados los antecedentes, considero que Hannah se equivoca al seleccionar este narrador. La historia contada por Catchpool tropieza en algunas ocasiones por los esfuerzos que la autora debe hacer para colocar las escenas en las que Poirot se encuentra solo investigando en boca de quien nunca ha estado allí con él. Se resuelve esto, claro está, haciendo ver que el policía nos narra aquello que Hércules Poirot le contó primero. Sin embargo, y como también es habitual cuando se elige este punto de vista, una novela de detectives tropieza en el momento en que debe combinar la presentación detallada de un interrogatorio con el hecho de que, quien lo cuenta, no ha estado presente en él. A esto debemos sumarle que la recreación del personaje principal no se muestra tan viva como en el original, precisamente porque le observamos a través de los ojos del policía, lo que nos distancia de Poirot y le coloca en ocasiones, sorprendentemente, en un segundo plano.


 Con todo, Sophie Hannah consigue elaborar una historia llamativa contada con ritmo ágil y con muchas dosis de misterio “a lo Christie”. Falta, ya digo, el alma del personaje principal, el tono costumbrista con que la gran dama del misterio nos lo presentaba deteniéndose en sus movimientos, pensamientos, gestos y hábitos. Pero la novela es más que suficiente para reencontrarnos con él, si es que somos admiradores. Para quienes no hayáis tenido la suerte de leer nunca a Agatha Christie, os servirá para poneros la miel en los labios. Querréis más. Y, asumo por esto mismo, que los herederos de la escritora han estado, finalmente, muy acertados.

El misterio de Gramercy Park, de Anna K. Green

miércoles, 17 de diciembre de 2014

El misterio de Gramercy Park
Autora: Anna K. Green
Editorial: dÉpoca
ISBN: 9788493897291
Páginas: 391


Sinopsis
La acaudalada familia Van Burnam regresa de un viaje al extranjero al mismo tiempo que aparece una mujer muerta en el salón de su casa. Un gran aparador ha caído sobre ella aplastando su cara, y aunque la policía sospecha que la víctima es la esposa de uno de los hijos del señor Van Burnam, éste insiste en que no la reconoce. ¿Qué hacía la mujer en una mansión que permanecía cerrada? ¿De quién son las extrañas prendas que llevaba puestas? ¿Estaba muerta antes de caer sobre ella el aparador?

Reseña de Rustis

La novela El misterio de Gramercy Park, de la que hoy os traigo reseña, era todo un reto para mí. Después de cinco meses sin comentar en este espacio ningún libro, y casi otros tantos sin leer, me enfrentaba a “la madre de la novela de detectives”. Y yo, firme seguidora de Conan Doyle, Agatha Christie o Wilkie Collins, me encuentro ante una de las autoras que ellos mismos defendieron por su calidad y su influencia en el género. Se dice pronto.
Se suma a este reto el haber convocado, antes de la escritura de este comentario, un concurso de reseñas de la novela que ha sido todo un éxito -si tenemos en cuenta la juventud de este blog y su alcance, claro-, y que nos ha dejado tantas y tan buenas lecturas personales de los participantes. ¿Cómo escribir ahora algo bueno o que tenga alguna relevancia?

Me decido a empezar, pues, alabando nuevamente el gusto de la editorial D'Época, especializada en el rescate de títulos clásicos de los siglos XVIII, XIX y XX, haciéndolo además con un estilo cuidado y personal que ya se ha convertido en garantía de éxito. Ni un solo lector que yo conozca es capaz de no girarse ante un escaparate que luzca las preciosas portadas de los libros de esta casa, o que no desee tener, si no todos, sí alguno de los títulos. Además de esas fantásticas portadas, destaca el cuidado material (pasta dura, papel satinado y grueso, letra perfectamente legible y del tamaño adecuado), las ilustraciones (en este caso originales) y el acompañamiento de tarjetas, marcapáginas y todo tipo de complementos que hacen las delicias de quienes defendemos el libro en papel como objeto de cultura pero también de arte.



En este caso, además, la novela lleva una pequeña pero bien aprovechada introducción de Carmen Forján, ávida lectora de narrativa anglosajona y especialista en el tema, a quien podéis seguir fielmente, como nosotras hacemos, en su blog “Carmen y amigos”. Las palabras de Forján nos ayudan a situar en el tiempo a la autora de esta novela, y a comprender la esencia de su universo vital como parte esencial de muchos detalles que podemos advertir en la historia. Anna Katherine Green se nos muestra en este prólogo como una mujer que, desde su posición de domestic feminist, supo mantener de algún modo un estable equilibrio entre la defensa de un espacio nuevo para la mujer y la de las normas sociales como esencia de la sociedad en que se movió. Una postura que supo manejar también en su escritura, como se aprecia en las páginas de esta novela, que no es solamente un texto de entretenimiento, sino un auténtico fresco de los usos y costumbres del Nueva York de finales del siglo XIX.

Tal como nos relata el argumento, nos encontramos ante un misterio: ¿quién es la mujer que aparece muerta en la casa cerrada de los Van Burnam? Esta será la primera pregunta que deberá responder Amelia Butterworth, personaje principal de la historia, y a quien muchos lectores y críticos acercan a la posterior Miss Marple. Ambos personajes representan la figura de la solterona que mete sus narices en todo aquello que sucede en el reducido espacio de su lugar de residencia, y acaba por convertirse en la mente capaz de desenredar el nudo de la historia y desvelar el misterio. La diferencia más evidente entre ambas reside, precisamente, en el momento histórico en que ambas se mueven, aunque las dos manifiesten en sus palabras y sus actos un respeto máximo a las normas sociales, convencionalismos y usos y costumbres. Gracias a ello, El misterio de Gramercy Park interesa también por su cuidado reflejo del acaudalado barrio en que se sitúa, en contraste con otros espacios de la ciudad en los que podemos descubrir al dependiente de la lavandería, la modista o, por supuesto, los policías.

Pero es, a mi modo de ver, la relación entre Amelia Butterworth y el detective oficial del caso, Mr Gryce, el punto crucial de la novela. Ambos se enzarzan en una lucha, llena de educación, segundas intenciones y secretos, por llevarse el gato al agua con el descubrimiento del misterio. Los dos investigan a su modo, cada uno por su lado, y se reúnen en diversos momentos para poner en común, con no poca ironía, sus avances. Por supuesto, la narradora de la historia, casi al completo, es Amelia Butterworth, y será a ella a quien sigamos principalmente. En todo caso, resultan magníficas las escenas en que ambos personajes coinciden y ponen sobre la mesa sus distintas visiones de un mismo caso, con no poco acierto por parte de cada uno de ellos. Es en esos instantes cuando se pone de relieve el “carácter masculino” de la protagonista. Ajustemos los términos: masculinidad en tanto responde a la representación de una mujer del siglo XIX, de tal modo que su independencia, su fuerte carácter, su dominio de sí misma y de las situaciones parecen no corresponder con el estándar que conocemos. Aun con esto, en el resto de oportunidades Amelia se comporta como “debe ser” una dama, y se convierte, si seguimos la lectura de Carmen Forján, en un espejo de la autora, en ese pulso entre tradición y renovación del espacio femenino.

Anna K. Green


Más allá de estas consideraciones de detalle, el estilo del texto es magnífico. Cuidado y preciso, pero de extrema sencillez. Anna K. Green muestra conocimientos no solamente sociales, sino también legales, lo cual enriquece la historia y ameniza el texto. La novela se lee con gusto, el misterio interesa y la resolución queda bien medida y cerrada, aun cuando se desapega del tono detectivesco de toda la obra para dar un pequeño giro melodramático que, en ningún caso, resta valor a la novela.


 Todo un acierto, nuevamente, de la editorial D'Época. Un libro que atrae por su cuidada edición, su historia entretenida, la valiente apuesta de Green por un personaje femenino tan atrayente, y por su discurso precursor y compañero de los grandes maestros del misterio. 

Agatha Raisin y la quiche letal, de M. C. Beaton

lunes, 29 de septiembre de 2014

Agatha Raisin y la quiche letal

Autora: M.C. Beaton
Editorial: Círculo de lectores
Páginas: 280

Sinopsis
A sus cincuenta y tres años, Agatha Raisin quiere empezar de cero: ha decidido cerrar su empresa de relaciones públicas y cambiar su piso de Londres por una casita de ensueño en Carsely, un pueblo en el corazón de la Inglaterra rural.
El problema es que empezar de cero no es tan fácil: Agatha se siente sola, echa de menos su vida social londinense y, por si fuera poco, percibe que sus nuevos vecinos la tratan con una frialdad que para una mujer acostumbrada a salirse con la suya puede resultar ofensiva.
Dispuesta a hacer lo que sea por ganarse la simpatía del vecindario, Agatha decide participar en un concurso de quiches. Para asegurarse el triunfo, compra una quiche en una tienda de comida preparada de la City. ¿Qué es entonces lo peor que puede pasarle, además de no ganar un concurso dotado con un premio de diez míseras libras? Que uno de los miembros del jurado muera envenenado... Señalada por medio pueblo como principal sospechosa, Agatha Raisin iniciará las pesquisas por su cuenta y riesgo.


Reseña de Custis

Como si de su homóloga detective se tratase, Agatha Raisin es un personaje ficticio creado en 1992, en el marco de una serie de libros detectivescos para la investigación de asesinatos, crímenes y demás acertijos policiales que la señora Christie hizo tan famosos en los años 30. La primera, sin embargo, aporta como parte de su sello personal un tono humorístico que conecta al lector con sus vivencias, creando un magnetismo especial entre ambas partes que permanece durante toda la novela.

Marion Chesney, escondida bajo el seudónimo de M.C Beaton, es la culpable del nacimiento de la señorita Raisin, una mujer que a los 53 años y, tras una exitosa carrera en el mundo de la publicidad, decide mudarse desde Londres a un pueblo ficticio y pintoresco llamado Carsley,

En la primera de sus novelas, Agatha Raisin y la quiche letal, se narra el traslado y el cambio de vida de la protagonista y cómo el destino decide interponerse en su camino e interrumpir sus ansias de descanso, envolviéndola en un asesinato del que tendrá que salir airosa. Eso sí,  contando con la ayuda de un amigo londinense un tanto peculiar y un joven detective, que le saca los colores a Raisin en más de una ocasión. Raisin tendrá que lidiar, además, con las miradas cotillas de sus vecinos y la desconfianza que genera en los lugareños tras ser la principal sospechosa de la muerte de su vecino.

Escrita en un tono jovial, cargado de matices sarcásticos, este libro  es ideal para una tarde de piscina, una lectura ligera que te puedes llevar en el bolso y que no requiere más concentración que la del visionado de una película de domingo por la tarde en el sofá.

M. C. Beaton

Los personajes, bien definidos y un tanto exagerados, recrean el nuevo mundo que Agatha Raisin elige, donde las sonrisas y las conversaciones triviales sobre el tiempo se mezclan con celos, cuernos e histeria colectiva, bajo la sombra de un asesinato por una quiche envenenada, pastel que nuestra protagonista presenta en un concurso local del pueblo.

No busquéis, sin embargo, vueltas de tuerca y giros bruscos en el guión. Se trata de una novela predecible y bastante alejada de las sorpresas y cambios drásticos a los que Agatha Christie nos tiene acostumbrados. M. C Beaton apuesta, sin embargo, por la sonrisa fácil y el entretenimiento ligero, perfecto para una tarde soleada con el acompañamiento de un té con hielo y un trozo de pastel… ¿O no? Cuidad que no esté envenenado…

El canto del cuco, de Robert Galbraith

lunes, 24 de febrero de 2014



Autor: Robert Galbraith

Editorial: Espasa

ISBN: 9788467040395

Páginas: 557

Sinopsis
Una joven modelo con problemas emocionales cae desde su balcón de Mayfair en plena noche. Su cuerpo yace en la noche nevada. Todo el mundo asume que ha sido un suicidio, excepto su hermano, que contrata los servicios del investigador privado Cormoran Strike para que se encargue del caso.



Reseña de Rustis

El cuco: ese animal de peculiar canto que se caracteriza por depositar sus huevos en nidos ajenos. Así me teníais, hace unas semanas, junto a Mustis y su marido, intentando entre los tres dar respuesta a mi pregunta... ¿Cuál es la razón de que esta novela se titule así, El canto del cuco? Mi escasa memoria para los asuntos zoológicos me impedía recordar esta historia del ladronzuelo de nidos. Pero una vez revisada la cuestión, quedaba totalmente aclarado el asunto. Porque si hay algo en lo que esta novela profundiza es, precisamente, en las familias extrañas, en las sagas desestructuradas, en los hijos adoptados, los padres poco clásicos y los hermanos que se miran entre sí con desconfianza. Historias de huevos anidados en lugares ajenos son las que pueblan esta novela de misterio.


Robert Galbraith (no revelo nada nuevo si aclaro que se trata del seudónimo de la aclamadísima J. K. Rowling) arma su historia a partir de un asunto ya de sobra trabajado en la literatura, pero que aquí se convierte en la llave que va abriendo todas las puertas del relato. Tranquilos, no es un spoiler. Podéis leer esta historia con la tranquilidad de que no descubro nada ajeno a lo que estimo que podáis encontrar ya en cualquier reseña. Pero me parece importante subrayar este detalle, porque en gran parte, lo convincente de esta novela está en cómo la autora ha logrado engarzar cada detalle, hasta los más aparentemente ajenos a la trama central, en torno al asunto de ese peculiar canto del cuco. Así, el detective protagonista forma parte de una familia deshecha y es un hijo ignorado repleto de deudas, pese a que su padre es un personaje socialmente conocido en el Reino Unido; la desgraciada Lula Landry, que aparentemente se arroja por la ventana al inicio de la historia, es una hija adoptada, además de hermana de dos hombres: uno de ellos, fallecido en su niñez; el otro, obsesionado con esclarecer las causas verdaderas de la muerte de Lula, frente a la actitud a veces agresiva de una familia que no se muestra muy accesible ni demasiado interesada por el caso. En torno a ellos, va desfilando un grupo de sospechosos personajes (madres, padres, tíos, secretarias, cuñados, amantes...) que Galbraith perfila con todo detalle; conocemos cada entresijo de la historia, todas las mentiras que se cuentan, los datos ocultos, las posibles trampas. Todo perfectamente medido para que caminemos de la mano del detective en busca de la verdad, para que le acompañemos en cada paso, cada reflexión, cada interrogatorio, hasta llegar junto a él a la resolución del caso. Y sí: existe resolución, completamente cerrada, totalmente creíble, y sin flecos por recoger.

De todos modos, este cúmulo de detalles alarga la historia al máximo y, me temo, puede echar para atrás a algunos lectores que gusten de las novelas de detectives rápidas, con mucha acción, descubrimientos o sorpresas en cada página y finales cerrados pero sorprendentes. No es que no exista nada de todo esto en El canto del cuco, pero sí considero que en la mente de la autora había mucho más que la intención de crear una historia de misterio. Pienso que la indagación en las relaciones entre personajes tan cercanos y tan lejanos a un tiempo, repito, es la clave de todo el entramado, y que al final, el suicidio de Lula Landry es la excusa inicial para un viaje por las mentes y actitudes no solamente de los familiares de la fallecida, sino también por las mentes de la fantástica pareja protagonista.

J. K. Rowling (Robert Galbraith)


Muy al estilo del “matrimonio de sabuesos” de Agatha Christie, está esa idea de hacer avanzar la investigación de la mano de una pareja. Pero, en este caso, una pareja que solamente estará unida por una casualidad: Robin, una curiosa chiquilla, fascinada por el mundo de los detectives privados, aparece en el despacho de Cormoran Strike como trabajadora temporal en plena crisis existencial y económica del investigador. Poco a poco, al mismo ritmo en que vamos conociendo las historias personales de ambos, la complicidad entre ellos aumenta y, aunque no podremos calificar su relación como “de amigos”, sí que se perfila una cercanía entre ambos que pide más. Efectivamente: como lectora solicitaría más historias protagonizadas por Robin y Cormoran (y creo que la próxima ya está en camino), para deleite de quienes nos hemos enamorado de estos dos peculiares seres, tan diferentes entre sí, pero tan cómplices.

Todos estos puntos aparecen diseñados sobre el paisaje del elegante Mayfair londinense, entremezclado con el dibujo del mundo oscuro en que verdaderamente habitan los ricos y famosos de la ciudad. Es en esa ambientación, además de en algunos planos del diseño del personaje del investigador privado, donde se pueden encontrar pequeños retazos del género negro. Pero muy pequeños. No es el interés de la autora, que se hace valer de un estilo más bien elegante, sosegado, muy inglés si queremos, y pocas veces dado a la presentación de los bajos fondos sociales o del Mal, así en mayúscula. La investigación es más bien de tono clásico, en la línea de la ya citada Agatha Christie, aunque con un estilo muchísimo más interesado por detallar, describir, recopilar cada conversación, cada minúsculo detalle, hasta alargar la novela al máximo y, por instantes, escapar de la mera historia de detectives para pasar a ser un estudio sobre la familia como ente de destrucción. De nuevo, ese canto del cuco del que os hablaba al inicio.

Con todo, estáis ante una novela que se lee con gusto: bien escrita, con un estilo pulido al máximo, que se mueve fundamentalmente en el ámbito de la intriga y el estudio psicológico de los personajes. Una ambientación elegante cuando se para en el mundo de los ricos, aunque quizá demasiado cuando trata de capturar la sordidez del universo de las modelos y los cantantes, con sus historias de drogas y conflictos emocionales. Con ese pequeño pero, solamente me cabe invitaros a leerla y opinar. Yo lo he hecho sin haber leído nunca antes nada de J. K. Rowling. Y vosotros, que sois encendidos fans de la autora... ¿qué pensáis?


- Agradecemos a la editorial Espasa el envío de este ejemplar
Santa Template by Mery's Notebook © 2014