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Consummatum est, de César Pérez Gellida

lunes, 5 de enero de 2015

Consummatum est

Autor: César Pérez Gellida
Editorial: Suma de letras
ISBN: 9788483656402
Páginas: 665

Sinopsis

La pequeña localidad islandesa de Grindavik amanece con todos los miembros de una familia brutalmente asesinados. En uno de los países del mundo con menor tasa de homicidios por habitante, el comisario de la Brigada de Homicidios de Reykjavik, Ólafur Olafsson, se enfrenta al caso más escabroso que ha visto justo en el ocaso de su carrera profesional. Pero muy pronto todas las pistas empiezan a apuntar hacia un sofisticado asesino en serie, Augusto Ledesma, que durante varios años ha ido componiendo una siniestra poética de versos regados de sangre a lo largo y ancho de Europa.
Ante tales evidencias, la INTERPOL decide poner al frente del caso al jefe de la Unidad de Búsqueda Internacional de Prófugos, Robert. J. Michelson, que se rodeará de un grupo especial integrado por algunos «viejos conocidos» del asesino.

Reseña de Rustis

Quienes habéis seguido a lo largo de 2014 mis dos anteriores lecturas de la trilogía “Versos, canciones y trocitos de carne” de César Pérez Gellida, sabréis ya que me sentí un poco defraudada -dadas las expectativas- con Memento Mori, y que comencé a vislumbrar con mayor claridad el estupendo escritor ante el que me encontraba con Dies Irae. 

Toca ahora cerrar el círculo y tratar de reproducir en este momento mis impresiones acerca del final de una trilogía que ha obtenido un enorme éxito, y entre cuyos lectores dominan aquellos que envían felicitaciones salpicadas de adjetivos entusiastas al vallisoletano. Pocos casos he encontrado con críticas negativas, aunque han existido y, como en todo, no siempre bien fundamentados. En esta ocasión, y pese a mis reticencias iniciales, puedo decir que Pérez Gellida ha cerrado con brillantez su trabajo, dejando de lado muchas de las “faltas” que cuestioné en los volúmenes anteriores, y dejando ver, exclusivamente, los muchos logros que tiene su manera de entender el género negro.

Volvemos a encontrarnos en Consummatum Est con el asesino en serie Augusto Ledesma, que continúa dejando un reguero de sangre a su paso, a la vez que acrecienta la frustración de sus enemigos, especialmente la de su eterno persecutor, Ramiro Sancho. El comienzo de la historia, de nuevo, es uno de los puntos fuertes de la novela.

No tardarán en localizarme, comienza la cuenta atrás.

Con esta afirmación del asesino, el autor parece ya ponernos en los labios el final de la historia. ¿Van a atrapar a Augusto? Así parece, pero el instante en que se produce esta escena queda cortado por más de 600 páginas que nos envuelven hasta regresar a ese mismo lugar, y a la resolución final de la historia. Un círculo cerrado mediante esta estructura, que logra aprisionar al lector quien, de nuevo, es prácticamente incapaz de dejar de leer hasta la última vuelta de hoja. En el interior del círculo, dos partes bien diferentes: una de ellas, repleta de acción y donde Pérez Gellida pone de relieve su extraordinaria capacidad para generar escenas intensas, describir persecuciones, mantener el ritmo, la velocidad y convertir la narración en casi cinematográfica. En todo caso, será una segunda parte más lenta, pero mucho más profunda, la que a mi juicio consiga dominar en este libro y la que nos lleva, sin giros espectaculares ni engaños, solamente por la mera evolución de los personajes, hasta la conclusión. 
César Pérez Gellida

Merece la pena haber pasado por todas las entregas anteriores de la trilogía, por los muchos pasajes bien escritos, pero también por aquellos que en su día juzgué como excesivamente teóricos, para terminar en esta novela a la que ni falta ni sobra nada. Augusto Ledesma no defrauda, y finaliza su viaje manteniéndose como uno de los mejores asesinos en serie que yo he conocido en mis lecturas: un ser devastador y brutal, pero con un fondo de fragilidad que nos acerca a sus pocos rasgos humanos y nos hace tomarle, incluso, cariño. No concibo una buena novela negra sin un personaje que, al menos, contenga cierta profundidad psicológica; de nada vale saber escribir una buena historia, inventar una narración sorprendente o ser un maestro de la acción, si se dejan los protagonistas como meros títeres sin alma. Y, sin embargo, en Pérez Gellida el fuerte son, precisamente, los personajes. Y por encima de todos, el asesino. Su ansiada búsqueda de la inmortalidad, que el escritor narra sirviéndose de la voz en primera persona de Ledesma, nos va en los volúmenes anteriores dando explicación al “porqué” de su maldad y nos sitúa, en esta última ocasión, en el “cómo”: cómo va a lograr Augusto no ser olvidado es la clave de toda la historia, y el modo más natural y menos brusco de llegar al desenlace.


Acción y fuertes dosis de profundidad psicológica son las dos claves que considero que el escritor ha manejado con soberbia en esta ocasión. Y, como de justos es reconocer lo obvio, debo reconocer yo en esta ocasión que la pequeña decepción del inicio, se ha convertido ahora en verdadera admiración por quien, pese a encontrarse inmerso en la vorágine del éxito, ha sabido contar su historia hasta el final sin perder brillo. Es más: mejorando novela a novela.


Dies Irae, de César Pérez Gellida

martes, 6 de mayo de 2014


Dies Irae

Autor: César Pérez Gellida
Editorial: Suma de Letras
ISBN: 9788483654538
Páginas: 564


Sinopsis
La acción de este thriller implacable arranca en la ciudad italiana de Trieste. Au­gusto Ledesma elige el que fuera hogar de James Joyce como primer escenario para continuar su siniestra obra, que alimenta del aliento de sus víctimas y de la humilla­ción de sus perseguidores. Hasta allí se trasladará el ins­pector Ramiro Sancho en su frenética y obsesiva persecu­ción de un asesino en serie que parece haber acentuado su voracidad. Entre tanto, al otro lado de la frontera, el psicó­logo criminalista y exagente del KGB Armando Lopategui, «Carapocha», recorrerá las calles de Belgrado junto a su hija y ahora discípula con el propósito de zanjar cuentas con un pasado despiadado del que no logra despojarse. 

Reseña de Rustis

Retomo mis impresiones sobre la trilogía «Versos, canciones y trocitos de carne» del vallisoletano César Pérez Gellida conectando con el que fue el final de mi anterior reseña: si algo se le puede pedir a un autor novel, es que sea capaz de crecer y mejorar libro a libro. No esperaba en este caso demasiado al respecto, dado que los tiempos de escritura y publicación de las tres patas de esta criatura fueron demasiado cortos como para pensar en que el autor manejó márgenes viables para esta personal «petición». Sin embargo, en cierta medida Pérez Gellida ha superado mis expectativas, lo cual me alegra y me hace presuponer -aunque aún no he iniciado la lectura del tercer tomo- que estamos ante un escritor que puede dar mucho que hablar en el futuro. Vale, es cierto que ya está dando que hablar. Me refiero, más bien, a que quizá pueda sostener en el tiempo este éxito y quedarse en el panorama literario mucho más que como «flor de un día».

Las bases que se habían puesto sobre la mesa en Memento Mori reaparecen en este Dies Irae: por supuesto, se continúa la historia de Augusto Ledesma, Orestes, Pílades, Ramiro Sancho, etc. Pero se mantiene también la agilidad del ritmo, el cruce de palabras y canciones, y los poemas que ponen en juego el personal sello del asesino. Del mismo modo, he ido observando al adentrarme en esta historia que algunos de los defectos apreciados en el primer libro, aunque en cierta medida continúan, han sido pulidos o, por lo menos, otros detalles del desarrollo de la novela son capaces de brillar por encima restándoles aún más relevancia de la que tenían.

Me gustaría centrarme esta vez en el buen manejo que César Pérez Gellida hace de los inicios y finales de sus libros. Se trata de un rasgo que aprecio y subrayo en cualquier relato, sobre todo cuando me encuentro ante un género breve, pero que en este caso es destacable ya que, tratándose de una trilogía, la atención del lector ya está captada prácticamente desde que el libro cae en sus manos. Sin embargo, sabio es el escritor que no se conforma con esto, y pone toda la carne en el asador para preparar el guiso presentando los ingredientes con orden, inteligencia y ritmo. Esto ya se apreciaba en Memento Mori, cuyo inicio me pareció uno de los platos fuertes de la novela. Sin embargo, en el caso de Dies Irae se sigue la línea mejorándola: en el comienzo, aparece la presentación breve, ágil, intrigante y ordenada de los que serán los dos elementos clave: la continuación de los crímenes de Augusto Ledesma, y la historia del conflicto bélico de los Balcanes, en este caso en relación con el pasado del criminalista «Carapocha». De este modo, la estructura de la novela se sostiene sobre estos dos pilares, se capta la atención del lector, y el resto de la novela nos irá guiando en uno y otro sentido, entremezclando ingredientes que, es de justicia decirlo, no son nada sencillos de conducir.

Dies Irae mantiene el género negro ya conocido en su predecesora, aunque aumenta la vinculación con el thriller, incluso más visual y cinematográfico esta vez. Pero se introduce una incursión en el terreno de la novela histórica al situar aquella guerra tan cercana a nuestros tiempos, aquel genocidio infame, como uno de los ejes del relato. Pérez Gellida nuevamente se ha preocupado por obtener una documentación precisa y fiable, quizá esta vez más cercana a sus propios conocimientos, como licenciado en Geografía e Historia que es. Y debo reconocer que sigo vislumbrando ese peso excesivo del dato, de lo teórico, que no acaba de someterse con total precisión a los límites de la historia concreta que se narra. Al autor sigue faltándole una exploración más minuciosa en el modo de ambientar una novela, de integrar ese magma de la documentación sin que existan ocasiones -que existen- en que lastre no solamente el ritmo sino incluso el propio pacto de ficción.



Sin embargo, esta vez considero más oportuno resaltar otros aspectos que son más llamativos y que, en conjunto, convierten a la novela en un producto mucho más rico y maduro que el anterior. La narración se aprecia más pensada, más pausada, sin perder por ello la agilidad propia del género. Eso sí, la lectura de Dies Irae resulta mejor y aporta mayor placer si se degusta con menos velocidad, con atención a los detalles y paladeando los muchos brillos que aparecen aquí y allá.

La brutalidad inherente a Ledesma ya no se presenta en forma de flashes que vienen y van, sino que se sostiene en el tiempo, porque no solamente él será la maldad tomando cuerpo, sino que resultará uno más de los elementos que convierten la historia en un apasionante universo de exploración del mal: el psicópata, el genocida, el que vuelve la cabeza y se torna cómplice, el que se venga... Muchos tipos de maldad, muchas formas de expresión del crimen unidas en una sola historia. Nuevas formas de atraparnos en la lectura sin descuidar la evolución de los personajes ya conocidos. De manera muy inteligente, César Pérez Gellida decide esta vez combinar además dos narradores: uno en tercera persona para el viaje de Ramiro Sancho, por un lado, y de «Carapocha», por el otro; y una primera persona reservada para el atrayente y oscuro psicópata. Este último estilo, quizá el más apetecible para desentrañar la mente del asesino, para escudriñar en sus razones, para «comprenderle». No por ello sobra decir que elegir este tipo de narración a partir del «yo» complica las cosas a un autor muchísimo más, pues puede perderse verosimilitud para lograr mayor interés, ritmo y sorpresas, o bien optar por resultar creíble y perder una parte de «acción». Me alegra poder decir que el autor ha encontrado aquí la justa medida y ha sabido manejar esta mezcla de voces, perspectivas, e incluso de tiempos históricos y lugares sin perder el hilo, sin volvernos locos y sin abusar, de nuevo, de las sorpresas.

Solamente un apunte más, para el final de la historia: la verdadera sorpresa, como no podía ser de otro modo, está en la resolución de la trama. Pero no es una sorpresa condenada al giro inesperado desconectado totalmente del resto de la historia. Es uno de esos finales que nos deja con la necesaria obligación de releer las dos novelas e ir observando cómo tuvimos todo al alcance de nuestros ojos. Aún me falta hacer este ejercicio para terminar de asegurarme de la capacidad de Pérez Gellida para hilvanar sin dejar flecos, pero esto es algo que creo que merecerá la pena dentro de un tiempo, cuando la historia completa repose en mí y sea capaz de verla con mayor perspectiva.


De momento mi felicitación para quien se está mostrando, hasta ahora, como un valor en alza. Un diamante en bruto que podrá pulir sus mínimos desaciertos si continúa narrando con inteligencia y tino.

Memento Mori, de César Pérez Gellida

viernes, 25 de abril de 2014


Memento Mori
Autor: César Pérez Gellida
Editorial: Suma de Letras
ISBN: 9788483654538
Páginas: 574


Sinopsis
Septiembre de 2010. Aquella mañana de domingo nada le hacía presagiar al inspector de homicidios de Valladolid Ramiro Sancho que acababa de dar comienzo una pesadilla que le dejaría marcado para el resto de sus días.
La investigación del asesinato de una joven ecuatoriana a la que han mutilado los párpados y en cuyo cuerpo han encontrado unos versos amenazantes ocupa las primeras páginas de esta novela negra.



Reseña de Rustis

El de César Pérez Gellida es uno de esos nombres que, desde hace meses, veía saltar aquí y allá en las redes sociales. Iniciar la lectura de su trilogía “Versos, canciones y trocitos de carne” en la vorágine de los cientos de comentarios positivos que veo semanalmente es una presión mayúscula, a la que se suma la paciencia y carisma de un hombre que recibe día a día con buen ánimo cualquier intento de sus lectores por establecer contacto. Seguirle en las redes sociales es seguir todo un fenómeno de masas, que nos redescubre al escritor que se aleja de la torre de marfil para acudir al ruedo y dejarse leer, comentar y, muchas veces, mimar.

Son presiones que siempre nombro porque están ahí, y porque juegan un papel fundamental a la hora de enfrentarme a la escritura de mi opinión sobre la novela. No es lo mismo acercarse a Vargas Llosa que a Pérez Gellida, claro está: y no me refiero ahora a calidad literaria, sino al talante con que este autor vallisoletano trata a sus seguidores. La mínima posibilidad de herir a quien pasa los días haciendo felices a sus lectores es -sigo diciéndolo- una presión añadida. Y si subrayo esto es porque Memento Mori ha sido una novela que he disfrutado y que no podría dejar de elogiar pero que, paradójicamente, me ha decepcionado mucho. Intentaré explicar en detalle esta curiosa experiencia de lectura, para aproximarme lo más posible a las virtudes y defectos -que de todo hay- de este libro.
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